El canto del cisne | Qué pasó… en el GP de España 2013

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En su amplia vida, el Gran Premio de España de Fórmula 1 se ha disputado en cinco escenarios repartidos por la Península Ibérica. Debutó en el calendario de 1951 en el circuito de Pedralbes, que atravesaba las calles de Barcelona y encontraba su recta de meta en la que actualmente es parte de la Avenida Diagonal, entonces Avenida del Generalísimo Francisco Franco. Juan Manuel Fangio, a lomos de su Alfa Romeo 159, vencería en dicha carrera, la última de la temporada.

Desde ese entonces, la Fórmula 1 ha visitado el circuito del Jarama, ubicado en San Sebastián de los Reyes, al Norte de Madrid, entre 1967 y 1981, intercalándose con el circuito de Montjuïc, también en las calles del barrio de Barcelona que da nombre al mismo, albergando las ediciones de 1969, 1971, 1973 y 1975.

Tras el último Gran Premio disputado en el Jarama, España tendría que esperar hasta 1986 para, con la inauguración del circuito de Jerez, recibir de nuevo a la categoría reina del automovilismo. Esa carrera la vencería Ayrton Senna frente al Williams de Nigel Mansell en uno de los finales más ajustados de la historia de la Fórmula 1. Jerez albergaría más adelante otros Grandes Premios, pero bajo el título de Gran Premio de Europa.

El Gran Premio de España volvería a Cataluña en 1991 con la llegada del trazado que desde entonces acoge a la Fórmula 1: Montmeló, un circuito ubicado en el municipio de dicho nombre a unos treinta kilómetros del centro de Barcelona. Desde el diluvio de 1996 a la última victoria de Williams en 2012, pasando por la primera victoria en Fórmula 1 de un español frente a su público en 2006, Montmeló ha dejado carreras para el recuerdo de todos.

Hoy, nos sumamos a un recuerdo tan dulce como amargo, si no nostálgico. La carrera de hoy nos recuerda el canto del cisne del piloto español más laureado de todos los tiempos: volvemos al Gran Premio de España de 2013.

EL CONTEXTO | El cuento de Pedro y el lobo

Aunque la igualdad demostrada por la parrilla en la anterior temporada era casi inalcanzable, con siete ganadores diferentes en los siete primeros Grandes Premios, lo cierto es que 2013 dio pie a la esperanza con cuatro nombres en lo más alto del podio durante las primeras cuatro rondas del calendario. Aunque todo era posible con este pretexto, quién iba a imaginar que el mismo piloto que rompió la racha de 2012 repetiría al siguiente año.

Eso sí, la temporada de 2013 vendría marcada por el mayor intento de un piloto de batir el aplastante récord de 13 victorias en una temporada que lograría Michael Schumacher en 2004. Sebastian Vettel fue dejando pequeños avisos con su liderato antes del clásico parón veraniego logrando cuatro victorias y, a partir de ahí, solo conjugó el verbo ganar.

El alemán lograría nueve victorias consecutivas que destrozarían el récord de 7 que poseían Alberto Ascari entre 1952 y 1953 y Michael Schumacher en 2004, confirmando su cuarto título mundial en el último Gran Premio de la India de la historia a falta de tres carreras para concluir el año. El Gran Premio de España, por otro lado, sería uno de los pocos lugares donde Sebastian Vettel cedería algo de terreno al resto.

QUÉ PASÓ EN EL GRAN PREMIO | Lección de estrategia

La clasificación del Gran Premio vería el segundo doblete del equipo Mercedes después de su regreso a la Fórmula 1 en 2010. Esa temporada, el equipo de las flechas plateadas había logrado que el Mercedes F1 W04 fuese demoledor en los entrenamientos cronometrados, lo que les permitió conseguir su tercera pole consecutiva y la decimosegunda de su historia. Curiosamente, esta sería también la tercera pole de Nico Rosberg.

Los cinco primeros estarían conformados por el alemán y su compañero, Lewis Hamilton, seguidos por Sebastian Vettel, Kimi Räikkönen y, cerrando este grupo, Fernando Alonso. En una temporada en la que, de media, se realizaban entre 3 y 4 paradas en boxes debido a la volatilidad de los neumáticos Pirelli, quienes más sufrían con ellos era Mercedes. Ese año, la polémica estaría servida con los test que el equipo de la estrella realizaría pero, hasta aquel momento, su debilidad estaba clara: la carrera.

El Gran Premio arrancó con Nico Rosberg aguantando la primera posición tras los envites de Sebastian Vettel y Lewis Hamilton pero, antes de acabar el primer sector, Fernando Alonso puso en pie a la grada barcelonesa con un impresionante adelantamiento doble en la curva 3 para ponerse tercero. Si su posición de salida complicaba el transcurso de la prueba, esto allanó el camino al español.

Por detrás, el McLaren de Sergio Pérez también lograba colocarse sexto por delante de Felipe Massa tras aprovechar el escalabro de rigor de Mark Webber en la salida, encallándose en meta y acabando la primera vuelta undécimo. Ya desde los primeros compases de la prueba, los mensajes de radio a Rosberg eran claros: mimar los neumáticos como si fuesen de cristal.

Para fomentar los adelantamientos, Montmeló recibiría por primera vez una segunda zona de DRS en la recta posterior, de forma que la curva de La Caixa, la número diez, se transformaría en un punto clave en la carrera desde el inicio, ya que ahí sería donde Kimi Räikkönen adelantaría a un Lewis Hamilton que ya en la vuelta siete apenas podía seguir el ritmo de la cabeza de carrera.

Una vuelta después, Felipe Massa adelantaría por el exterior de esa misma curva al inglés, haciéndole caer hasta la sexta plaza. Sería en esa misma vuelta, la séptima, en la que el baile de paradas daría comienzo, con casi todos buscando los neumáticos duros para aguantar lo máximo posible en pista y realizar el menor número de paradas. Sorprendentemente, Kimi Räikkönen montaría un nuevo set de neumáticos medios que, a la larga, funcionaron mejor que los duros en el Lotus del finlandés.

El frenesí de paradas y estrategias provocaría un pedacito de historia del automovilismo mexicano: Esteban Gutiérrez lideraba dos vueltas del Gran Premio y se transformaba en el tercer piloto de México en lograrlo. Hasta la fecha, las últimas vueltas que un monoplaza del equipo Sauber ha liderado en un Gran Premio.

Evidentemente, el espejismo poco tardó en desvanecerse con la parada del piloto de Monterrey. Fernando Alonso adelantó en su parada a Sebastian Vettel y, en la vuelta trece, se ponía líder del Gran Premio, comenzando a abrir hueco con sus perseguidores. Nico Rosberg también perdería plaza con Vettel en un gran adelantamiento del de Red Bull y, en la frenada de La Caixa, Felipe Massa también se quitaría al Mercedes.

La pérdida de posiciones no solo era evidente en el caso de Rosberg, sino también en el de Hamilton, que sufría el mismo destino al ser superado por el Toro Rosso de Daniel Ricciardo. El graining devoraba los neumáticos a pasos acelerados, dejando los neumáticos consumidos en pocas vueltas si no se tenía cuidado. En la vuelta 21, Fernando Alonso volvería a por otro set de neumáticos duros mientras Kimi Räikkönen aguantaba con los medios, presionando sin cesar al líder en esos momentos, Sebastian Vettel.

La tónica volvía a ser similar. Todos paraban en boxes, Nico Rosberg era superado mientras intentaba aferrarse como podía a las primeras posiciones y, tras las paradas de los líderes, Fernando Alonso aumentaba su liderato, seguido en este caso por un gran Felipe Massa. Kimi Räikkönen insistiría una vez más con los neumáticos medios en su segunda parada y se lanzaría a la persecución de Vettel, que montaba duros. Exactamente a mitad de carrera, en la vuelta 33 de 66, el finlandés superaría al alemán por la tercera plaza.

Mientras que el de Lotus se lanzaba a por los Ferrari, Nico Hülkenberg y el equipo Sauber echarían por tierra su carrera al incorporarse de manera insegura al pit-lane y llevarse puesto al Toro Rosso de Jean-Eric Vergne, generando un pequeño caos que haría que ambos pilotos acabasen al fondo del pelotón.

La tercera parada de los Ferrari llegaría en la vuelta 36 con un doble movimiento de los italianos, parando primero el español y luego el brasileño, que montarían neumáticos medios para una tanda algo más breve, buscando mantener a ralla a un Räikkönen que seguía pilotando a un gran ritmo. Por detrás, ni rastro de los Mercedes, que ya habían sido superados estratégicamente por Mark Webber y un impresionante Paul di Resta. Los McLaren también estaban al acecho.

Fernando Alonso superaría a Kimi Räikkönen en recta de meta volviendo a levantar a todo el público de las gradas. Su labor ahora sería abrir todo el hueco posible para una cuarta parada, mientras que el finlandés dejaba claras sus intenciones buscando hacer una parada menos, obligado a montar los neumáticos duros al final de la carrera.

A partir de este punto, todo quedó más o menos decidido. Las distancias se ampliaron de forma ostensible y, con la última parada de los Ferrari, Felipe Massa fue superado por Kimi Räikkönen, al cual no le pudo alcanzar posteriormente aun con unos neumáticos más frescos.

Las últimas vueltas estarían centradas en una lucha incesante de Paul di Resta y Nico Rosberg por la sexta plaza que, finalmente, se adjudicaría el alemán, salvando los muebles tras partir desde la pole. Hamilton sería duodécimo.

Tras 66 vueltas de pura gestión de neumáticos y ritmo, Fernando Alonso cruzaba la meta en primera posición y lograba así la que sería su victoria número treinta y dos, la última de su carrera deportiva en Fórmula 1. El último triunfo del equipo Ferrari ese año, justo para celebrar el cumpleaños de Stefano Domenicali. Sería la última vez que Fernando Alonso y Felipe Massa coincidirían en el podio.

Sebastian Vettel lograría la cuarta posición seguido por Mark Webber. Daniel Ricciardo puntuaría por primera vez en su carrera en España y, por si las vueltas lideradas no habían sido suficiente, Esteban Gutiérez conseguiría la única vuelta rápida de su carrera, la última de las tres en la historia de Sauber.

POR QUÉ ESTE GRAN PREMIO | Radiografía de un evento histórico

El Gran Premio de España no afronta sus mejores años, es un hecho. A las complicaciones económicas y políticas se ha sumado, con el paso del tiempo, la ausencia de una figura que llenase las gradas como lo hizo en su momento el líder de la «marea azul» que, posteriormente, pasaría a ser roja.

Poco a poco, sin Fernando Alonso, a la marea se la ha llevado las idas y venidas del oleaje deportivo y, aunque algunos encontraron en Carlos Sainz Jr. algo de consuelo, el desencanto es palpable a pesar de que la gente siga acudiendo al Circuit de Barcelona-Catalunya. Eso sí, con una presencia extranjera muy superior, atraídos por el buen tiempo y el espectáculo del Gran Circo.

El Gran Premio de España ha superado todo tipo de fases, cambios de ubicaciones y situaciones. Desde protestas públicas de los pilotos ante la inseguridad del circuito de Montjuïc en 1975 hasta elogios de las altas esferas por el gran ambiente y las virtudes del trazado de Montmeló, si bien es cierto que los adelantamientos, año a año, se han ido reduciendo.

Con la situación mundial actual, el Gran Premio de España podría quedarse en el tintero, lo que nos devolvería a una temporada —todo esto, claro, en el caso de haber temporada— sin la presencia de una prueba española en el calendario. Lo nunca visto desde 1985, aunque haya casos mucho más «ofensivos» como la ausencia del Gran Premio de Mónaco, obviamente provocada por su condición de circuito puramente urbano.

Todo esto nos lleva a lo siguiente, y es que quizás hemos tenido la mala fortuna de encontrarnos Grandes Premios de España menos lucidos, con poca acción, con el único aliciente de la estrategia o el sueño de alguna gota de lluvia o un coche de seguridad, pero nos olvidamos de que hemos tenido la suerte de tener un Gran Premio de España al que acudir.

Ahora que el riesgo de perderlo existe, ya no solo este año, sino con la incertidumbre del futuro, amenazado por circuitos que generan un efecto muy similar al de Fernando Alonso en su día en el caso de Zandvoort o con una interesante suma económica a cambio, solo nos queda esperar. Montmeló es el centro de la pretemporada y se valora enormemente su presencia pero, al final, la marea que sube siempre puede bajar.

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