Fernando Alonso se pone el traje de las grandes ocasiones en Hungría

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No hay mejor forma que irse de vacaciones que tras una de esas carreras que hacen afición. Bajo ese pretexto la Fórmula 1 ha encarado el GP de Hungría de 2021 en el que la lluvia también ha querido tener su momento de protagonismo y actuar como desencadenante de una carrera no apta para cardiacos.

Bajo esa situación y con el especial idilio de Fernando Alonso con el circuito de Hungaroring donde ha disputado u total de 17 Grandes Premios a lo largo de su trayectoria, el de Alpine ha disputado una carrera que ha recordado a su primera época en la formación de Enstone, antes conocida como Renault en lugar de Alpine, pese a que el equipo es el mismo. Como buen pescador en rio de vuelto, hoy el de Oviedo se ha puesto manos a la obra.

El Alonso de las grandes ocasiones

Al principio de la carrera ha tenido que lidiar con los múltiples toques y accidentes originados por Valtteri Bottas y Lance Stroll. El primero se ha llevado por delante los dos Red Bull y el McLaren de Lando Norris mientras que el piloto canadiense de Aston Martin se ha cobrado las carreras de Charles Leclerc y Daniel Ricciardo. Fernando alonso ha tenido que evadir todos los toques y las piezas que iban saltando por el aire y por la pista y todo ello tratando de no perder demasiadas posiciones.

Después de esos primeros momentos y tras la bandera roja que ha neutralizado la carrera de forma temporal, el piloto español de Alpine ha trabajado en hacer funcionar la estrategia y buscar un buen ritmo, concienciado que tras la multitud de víctimas de la primera vuelta habría oportunidades para sacar un gran botín de la cita con el GP de Hungría. Sabía que iba a necesitar la ayuda de su inestimable amigo, el Hungaroring, pero eso no ha hecho más que animarle en dicha empresa.

Tras ese proceso llegaría el gran momento de Fernando Alonso durante la carrera del Hungaroring. Lewis Hamilton llegaba a la cuarta posición que ostentaba el de Alpine y junto a su Mercedes trataron de amenazarla. Aquel era un preludio de una batalla de dos de los más grandes de este deporte en la que, además, el asturiano sabía que debía ayudar a su equipo, ganando tiempo para que Esteban Ocon pudiese ganar su primera carrera en la Fórmula 1.

Fue una batalla al límite, volviendo a conocer aquel Fernando Alonso feroz y duro de las grandes ocasiones, pero también desde un prisma en el que se jugaba limpio. Lo que no iba a hacer el de Alpine es ponerle las cosas fáciles al heptacampeón. Hamilton lo terminó por lograr, pero le costó sudor y sangre y unas cuantas vueltas, las suficientes para que Alpine volviese a lo más alto del podio, algo que no lograban desde su regreso a la Fórmula 1 como constructor.

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