Los detalles de campeón

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Después de más de 6 años de dominio y abuso, es normal que un aficionado le coja tirria a un equipo o deportista por la monotonía de su monopolio. En el caso de Hamilton, el aburrimiento por parte de muchos está más que justificado en sus estadísticas. De hecho, uno de los apartados que más impacta es el de los sábados.

En el día de hoy, el británico ha logrado su pole nº 96, destacándolo aún más en el ranking global que ya lidera con una ventaja de 28 sobre Michael Schumacher. Los récords siguen esfumándose y Hamilton está a un paso de convertirse en el más laureado de la historia. Y es por esto precisamente por lo que muchos aficionados lo tienen en baja estima.

Ciertamente, el hexacampeón ha contado con las herramientas ideales para destrozar estos registros, sin embargo, esto no justifica el creciente argumento de que «lo logra todo por el coche» o «con otro coche sería un piloto mediocre y llorón». No vamos a negarlo, es una realidad que el propio Hamilton muchas veces exagera y dramatiza de más, pero es un sentimiento de impotencia. No le queda más remedio que mostrarse débil por su cuenta para que sus propios contrarios dejen de restarle mérito a sus éxitos.

Hamilton superó el récord de poles de Schumacher en el GP de Italia 2017, tras lograr su 69ª. | Fuente: DAIMLER Media

Esto es una actitud que, en mi opinión, es algo pesada ya y sobrante; pero que respeto ya que, en realidad, Lewis Hamilton tiene gran parte de razón. Sus hazañas no están siendo heroicidades de película, aunque tampoco se incluyen en la categoría de paseos absolutamente triunfales. Prueba de ello es el resultado es la clasificación que ha tenido que afrontar el de Mercedes hoy.

Justamente en lo que más domina Hamilton, es donde más le están exigiendo en los últimos tiempos. La clasificación es, hoy por hoy, el único sitio donde Valtteri Bottas parece poner en serios apuros al británico y aún así este año ya pierde 8-2. Aunque no hay que restarle importancia a lo complicado que ha sido hoy para Hamilton ganarle por octava vez a Bottas.

El plan de Lewis Hamilton es ya habitual. En entrenamientos libres se lo toma con calma, le da confianza a Bottas. Hasta que llega la clasificación y el martillo despierta y tumba al finlandés. En Rusia la estrategia ha sido la misma. Le dio pista libre hasta que al llegar a la Q1… tiempos pintados de morado y primera posición. Aún así, tanto Bottas como lo aficionados contaban con el factor cancha, ya que Sochi es uno de los trazados que mejor maneja. Fue el lugar donde Valtteri logró su primera victoria.

Valtteri Bottas no aprovecha sus oportunidades y ve como se le vuelve a ir el Mundial. | Fuente: DAIMLER Media

Llegó entonces una Q2 con prisas ante un tiempo imprevisible y gris. Todos marcaron tiempo y Hamilton no tardó en auparse a lo alto de la tabla de tiempos, mientras que Bottas sufría un poco más al intentar clasificar con el compuesto medio. Sin embargo, llegó el golpe de teatro. La FIA cazó el fallo de Hamilton al no respetar los límites de pista, por lo que el inglés perdía su tiempo y se veía obligado a realizar un nuevo intento.

Todo seguía controlado y tranquilo en Mercedes. Hamilton salió de nuevo con tranquilidad y con parciales que le metían en Q3 de sobra. Hasta que la suerte volvió a golpear. Un accidente de Sebastian Vettel invocaba a la bandera roja y esta destrozaba el intento de Hamilton, cuando apenas le quedaban 2 curvas. Faltaban poco más de dos minutos para terminar la sesión y el británico seguía sin tiempo, en una provisional 16ª plaza. Y, para colmo, a la hora de salir de nuevo a pista, un tren de pilotos con prisas se formó delante de él. El británico tenía la obligación de superar a varios coches en su vuelta de calentamiento y llegar con tiempo y baterías cargadas a la meta.

La tensión se palpaba notablemente. Nada más salir de boxes, Hamilton no escondió sus nervios y perdió un poco el control del coche en la curva dos, ayudándose de la escapatoria para mantenerse. La realización se centraba en los pilotos que ya marcaban tiempo mientras que por una pequeña ventana se podía ver como Hamilton se subía por las paredes por llegar a la línea de inicio. El reloj se venía abajo y el semáforo se coloreaba de rojo.

Lewis Hamilton terminó aliviado y mostró su alegría por el retorno progresivo de los aficionados. | Fuente: DAIMLER Media

Pero llegó. Con «paradinha» incluida, Hamilton se tomó el lujo de controlar los tiempos y rascar algo de distancia y batería para su vuelta y, aún así, conseguir pasar por meta prácticamente en el último segundo. El inglés cumplió con el resto del trabajo, en desventaja estratégica al usar el compuesto blando, y se clasificó en una más que suficiente 4ª posición.

Y al llegar a Q3, pese a los nervios aún presentes, «Hammer Time» volvió a tocar y la pole 96 subió al marcador ante un Bottas que vio como pese a todo el drama y tensión acumulada volvía a ser superado, y rematado por un gran Max Verstappen que se coló entre ambos. Tras mucho tiempo de silencio en las pistas, las pequeñas masas que llenaron Sochi volvieron a celebrar el triunfo del británico, que no tardó en celebrar la vuelta de los «best fans» como viene siendo habitual en su personaje.

Es innegable que Lewis Hamilton dispone de la máquina adecuada para pelear contra la adversidad y dominar al resto. Pero más aún lo es que detalles como el de hoy son lo que le dan el valor de campeón que tiene. La capacidad de agachar la cabeza, sobrepasar la tensión y salvar la situación, incluso con éxito incluido y su propia autocrítica por su error en Q2. Algo que muy pocos pueden hacer. Seguirá ganando y le seguirán odiando, y muy en el fondo todo el mundo lo acabará aceptando. Tuvo la mejor máquina, pero el fue el mejor en saber llevarla.

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