La Espada de Damocles, la presión de Red Bull y Alex Albon

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Dice la mitología griega que Damocles era un cortesano del rey Dionisio, de Siracusa. Damocles siempre quiso ser rey, porque le parecía que era lo más fácil que existía. Dionisio aceptó, y al final del día siguiente, Damocles vio una espada que colgaba de una crin de caballo sobre su cabeza tras pasar sus primeras 24 horas como rey. Se asustó, y Dionisio le explicó que no todo es tan fácil como pintan y que el poder conlleva su responsabilidad.

Lo mismo pasa en Fórmula 1. Todos ansían tener el mejor coche, o estar en el mejor equipo. La situación en el programa de jóvenes pilotos de Red Bull es parecida a la de Damocles. Todos quieren estar arriba porque creen que es fácil estar arriba. El problema llega cuando ven que no es así, y la presión crece cuando tienes a alguien como Max Verstappen al lado. Alex Albon es otra de las víctimas del neerlandés.

No, Max Verstappen no es el malo en esta película. De hecho, el villano es la mencionada presión, que indirectamente la produce el propio Verstappen. En un equipo de F1, el compañero de equipo es el principal rival. Y más en Red Bull.

Albon no lleva ningún podio esta temporada, aunque pudo obtener uno en Austria. El ímpetu y arrojo demostrados en el Red Bull Ring le auguraban un buen año, pero el hecho de quedarse fuera del cajón fue un duro golpe para el británico-tailandés. La semana siguiente, para el Gran Premio de Estiria, sufrió mientras que Verstappen si rubricó un podio.

Las ganas de vencer de un piloto son inagotables. Es un cóctel explosivo si se junta con malos resultados, pues se tiende a sobreconducir y poner en riesgo puntos clave para el equipo. Albon hizo bien su trabajo y fue cuarto en Estiria y quinto en Hungría… pero sobre la bocina. Una vez empieza la presión, la bola no para de crecer.

En las últimas dos sesiones de clasificación, Albon ha estado muy por debajo de Max Verstappen en cuanto a ritmo. Esas décimas son las que duelen realmente. Albon quiere superar a Max, en un entorno complicado pues Max es el claro primer piloto de Red Bull. Este aspecto puede llevar a una falta grande de desconfianza… y es cuando llegan los errores.

En SIlverstone, Red Bull corre “en casa”. La fábrica está a tiro de piedra del trazado y hay mucho en juego. Con esa voluntad de ganar a Max, Alex forzó en los entrenamientos libres y acabó estrellando el coche contra las barreras. Menos tiempo en pista, más reparaciones costosas para dejar el coche a punto para la jornada del sábado. La opinión de los jefes no es buena, con esa papeleta jugada.

El miedo a repetir ese error ha afectado al #23 y le ha impedido pasar a Q3 por segunda vez consecutiva. Sí, puede subsanar el error el domingo, pero la espina está clavada. Y conforme más espinas se tienen clavadas, más difícil es competir. Y la espada sigue con su balancín y amenaza.

Helmut Marko es un hombre que no duda en usar la guillotina. La usó con Pierre Gasly en 2019 tras que ocurriese lo mismo: Verstappen anula a sus compañeros de equipo, y para que Red Bull te mantenga con vida y no corte la crin de caballo, hay que rendir semana sí, semana también.

Así pues, no todo es llegar a un equipo bueno y tener la vida solucionada. Hay que ganarse ese asiento, y Alex Albon tiene talento para ello. Sólo le queda centrarse y ser el mismo que a finales de 2019. Sin errores y tan rápido como su compañero. Porque pilotar en un equipo puntero requiere de una responsabilidad enorme.  

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