¿Qué es el Acuerdo de la Concordia? Historia del ‘tratado de paz’ de la F1

0
Comparte

El pequeño culebrón con el que amenazaba en convertirse la firma del Acuerdo de la Concordia quedó resuelto ayer, cuando se confirmó que los 10 equipos que participan en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 habían puesto firma a un nuevo acuerdo que renueva esta suerte de ‘entente cordiale’ durante los próximos cinco años. A pesar de que no es la primera vez que este asunto monopoliza la conversación respecto a la Fórmula 1 y su juego de naipes, todavía hay mucha confusión sobre qué es el Acuerdo de la Concordia y qué funciones cumple, y en efe.uno intentaremos ponerlo en la perspectiva apropiada para entender por qué su firma es tan relevante.

En esencia, el Acuerdo de la Concordia es un documento vinculante entre las entidades que componen el Mundial de Fórmula 1, una suerte de ‘contrato de términos y condiciones’ con tres firmantes: la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), el Formula One Group (donde se agrupan todas las entidades promotoras y comerciales de la Fórmula 1, incluída la FOM) y los equipos que participan en el Mundial, que se renueva al cabo de un número pre-determinado de años. Aunque estos acuerdos han estado siempre envueltos en un halo de secretismo, es sabido que regulan los derechos y obligaciones de los equipos de Fórmula 1 con el propio campeonato, así como el reparto de los derechos comerciales y televisivos que han supuesto cada vez más una fuente esencial de fondos para todos los implicados.

Para entender bien el Acuerdo de la Concordia, hay que comprender las razones que llevaron a su creación, con dos nombres y apellidos esenciales: Bernie Ecclestone y Max Mosley. El primero era dueño del equipo Brabham desde 1971, y el segundo fue uno de los cuatro fundadores de March en 1969. Ambos compartían una visión casi vocacional de los aspectos comerciales del deporte y su enorme potencial, el cual sentían que no estaba siendo aprovechado en absoluto por la FIA o por el organismo en el que habían delegado la organización de las competiciones de motor desde 1922, la Comisión Deportiva Internacional (CSI).

Así, en 1974, lideraron la formación de la Asociación de Constructores de la Fórmula 1 (FOCA) junto a los líderes de los principales equipos de Fórmula 1 de la época: Lotus (Colin Chapman), Tyrrell (Ken Tyrrell) y McLaren (Teddy Mayer), además de un Frank Williams que controlaba el principal equipo privado de la época, Iso-Marlboro, tres años antes de crear su propio equipo constructor. Ferrari y BRM no formaron parte de aquella asociación, que con el tiempo fue adquiriendo una postura clara como defensora de los equipos privados que no dependían directamente de una marca.

Cuatro años después, Jean-Marie Balestre llegó a la presidencia del CSI, al que renombró como Federación Internacional del Deporte Motor (FISA), y FOCA no tardó en colisionar con ellos, ya no solo por los aspectos comerciales, sino también por el percibido favoritismo de  FISA hacia las grandes marcas. Todo ello llevó al inicio de la famosa ‘guerra FISA-FOCA’ en 1980: el boicot de las reuniones de pilotos en Bélgica y Mónaco, y la suspensión de licencias que dejó al GP de España como prueba no puntuable derivó en el amago formal de FOCA de organizar un campeonato paralelo.

Esta pretensión quedó solventada con el primer Acuerdo de la Concordia, firmado el 19 de enero de 1981, con una duración de seis años. Con Ecclestone al frente de las negociaciones, y Mosley encargado de la letra pequeña, FOCA consiguió un reparto monetario más igualado, garantías regulatorias para los equipos y (sin que Balestre se percatase) los derechos televisivos y comerciales de la Fórmula 1, a cambio de asegurar a los promotores la participación consistente de los competidores en todos los eventos. Pese a que la guerra FISA-FOCA alcanzó su punto álgido en 1982, el acuerdo alcanzado permitió un estado de ‘guerra fría’ durante los años 80 en el que la Fórmula 1 fue prosperando entre tensiones ejecutivas.

Para gestionar los contratos televisivos, Ecclestone creó la FOPA, organismo al que le correspondía una cuarta parte del ‘pastel’. En los posteriores Acuerdos de la Concordia de 1987 y 1992, Ecclestone extendió su dominio, renunciando a sus funciones en Brabham y a la parte de FOPA en favor de la FIA, pero quedándose con la gestión total del 50% restante de los derechos televisivos, a pesar de la oposición inicial de McLaren, Williams y Tyrrell. Esto, en efecto, hizo que FOPA decidiese directamente con qué parte del dinero quedarse sin consultar con los equipos que conformaban FOCA, los cuales verían un porcentaje menor pese a que los ingresos habían subido notablemente. Eventualmente, Balestre perdería la presidencia de FISA ante Mosley en 1991, y este le sucedió como presidente de la FIA cuando el francés renunció en 1993, asimilando FISA en el proceso y asentando la influencia de Bernie en el organismo, donde ya poseía un rol de responsabilidad.

En 1995, Ecclestone dio su golpe maestro al alcanzar un acuerdo de 14 años con FIA, a cambio de unos míseros 10 millones de dólares anuales, para la posesión total de los derechos comerciales, aunando todo bajo el paraguas único de Formula One Management (FOM) y dándole el control total del deporte. McLaren, Williams y Tyrrell se opusieron de nuevo, y esta vez se quedaron fuera del cuarto Acuerdo de la Concordia firmado en 1997, lo que les perjudicó notablemente a nivel financiero y de influencias. Los tres equipos acabaron llegando firmando el año siguiente un modificado Acuerdo de la Concordia, que añadió otros cinco años al periodo ya firmado y garantizó su continuidad hasta 2007.

En respuesta a las maniobras de Ecclestone, varios equipos acordaron la creación de la Asociación de Fabricantes de Gran Premio (GPMA) como sustituta de FOCA para negociar con FOM. Ecclestone buscó en el invierno de 2005 un acuerdo unánime para prorrogar el Acuerdo vigente hasta el año 2012 a cambio de más dinero para los equipos, pero los cinco integrantes de la GPMA decidieron en 2006 retrasar su firma hasta 2008 con un memorándum. Para entonces, los 10 equipos ya se habían puesto de acuerdo en la creación de la Asociación de Equipos de la Fórmula 1 (FOTA) para negociar directamente los términos.

La situación se vio agravada por la débil posición de Mosley tras su publicitado escándalo sexual. Este propuso en 2009 un sistema bajo el cual los equipos contarían con más libertad reglamentaria a cambio de someterse a un tope presupuestario de 30 millones de dólares, que enfrentó la oposición casi total del paddock. Ocho equipos alcanzaron el compromiso de retirarse del campeonato al acabar 2009 tras una reunión en el GP de Mónaco, iniciando una disputa veraniega en la que FOTA llegó a anunciar la creación de su propia categoría para 2010. La ‘guerra de poder’ entre ambas facciones terminó en varias fases, con la renuncia de Mosley y de buena parte de sus pretensiones antes de la firma del Sexto Acuerdo de la Concordia el 1 de agosto de 2009.

El último Acuerdo de la Concordia se había firmado sin mayor drama en 2013, pero la renovación a la que estaba sujeto para este 2020, la primera con Liberty Media al frente de la F1 tras la compra del deporte en 2017, se había visto notablemente enquistada por la pandemia mundial y por el desacuerdo de Mercedes con medidas como el límite presupuestario y un reparto más equitativos de los derechos televisivos. Finalmente, todo ha llegado a buen puerto, siendo Ferrari, McLaren y Williams los primeros en romper el hielo oficialmente antes de anunciase la firma unánime del acuerdo que mantendrá el deporte en paz. Al menos, hasta 2025.

Quizá te interese
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *