La lluvia, poderosa aliada y detestada enemiga | GP de Mónaco 1984

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Hablando de espectáculo, rara vez no se ha disfrutado un Gran Premio de Fórmula 1… bañado por la lluvia. Es un añadido que desafía a coches y pilotos, extrayendo lo peor y lo mejor de cada uno; y cuyo condicionante de riesgo supone un plato que cualquier aficionado escogería en su menú.

El mal tiempo actúa como igualador. Con las condiciones adversas, cualquier factor dominante desaparece. Se podría decir que el que toma más protagonismo y decisión es el destino. Y como el destino a veces es traicionero, en este caso no iba a ser menos. Lo que la lluvia te da, la lluvia te quita. En la Fórmula 1 se han ido extremando las precauciones con el paso del tiempo… y las desgracias. Es por ello por lo que la lluvia puede llegar a convertirse en enemiga.

En el momento en que una carrera en agua sobrepasa la línea que separa el espectáculo del riesgo innecesario, la misma se para, de golpe, y con todo el sabor de la adrenalina y la emoción huyendo del paladar del aficionado. Algo así pasó en la carrera que recordamos en este artículo. Y es que, hace dos días se cumplieron 36 años del GP de Mónaco 1984, donde la lluvia hizo doble acto de presencia. Primero abrió el telón para que diversos magos desataran su magia y más tarde… terminó robándose el show, literalmente.

Prost y Mansell encabezan una parrilla plagada de agua, paraguas y nervios. | Fuente: formula1.com

Hablábamos de las precipitaciones como alicientes del espectáculo y del riesgo, pero, ¿qué ocurre si a esto le añades que el trazado protagonista es un circuito urbano? Y, más aún, ¿qué sucede si este mismo es el que esconden las privilegiadas calles del Principado de Mónaco? Estaríamos hablando de una potencial «tormenta perfecta» y en estas condiciones, siempre relucen los rayos que a toda velocidad atraviesan el cielo.

En aquel Gran Premio, todo comenzó de forma rutinaria. Una clasificación más en Mónaco, en un soleado día, donde el mejor coche y su mejor piloto, se llevarían la gloria. Aquel fue Alain Prost, que superando por menos de una décima al Lotus de Nigel Mansell, se robó la pole más valiosa de todo el año. Por detrás, un tal Ayrton Senna sufría para colocar a su Toleman en la 13ª posición, aventajando a su compañero Johnny Cecotto en casi un segundo. La parrilla la cerró, ‘in extremis’, el alemán Stefan Bellof. Tanto Bellof como Senna, no tuvieron el sábado soñado, pero el domingo, con la lluvia, la historia cambiaría.

Amanecía el domingo y lo hacía de forma gris, como decía, muchos se frotaban las manos. Agua en Mónaco, Gran Premio loco. Así sería desde la mismísima salida, que tras apenas una curva dejó a varios de los pilotos de arriba fuera. Renault fue la más afectada, tras la colisión de sus dos pilotos, de la que Patrick Tambay salió cojeando.

Prost lidera en Mónaco, seguido muy de cerca por Nigel Mansell. | Fuente: FORIX.com.

Superado un poco el caos, la atención se centraría en la cabeza, donde Prost y Mansell mantendrían una tensa pelea en la distancia. El francés controlaba la situación con cierta tranquilidad, pero en el momento en el que Nigel Mansell y su Lotus comenzaron a encadenar vueltas rápidas, los nervios aterrizaron en McLaren.

Eventualmente, la presión del inglés acabaría venciendo a Prost. Nigel Mansell pasaba a liderar por primera vez en su carrera un Gran Premio de Fórmula 1. Sin embargo, no contento con haber asaltado el liderato, el piloto de Lotus siguió rodando al límite y encadenando vueltas rápidas. Y, como mencionábamos antes, los límites en condiciones de lluvia conviven con el desastre. A Mansell le salió mal la jugada y su exhibición de riesgo y velocidad terminó con una colisión en la subida al Casino, que finiquitó su carrera.

Alain Prost recuperó agradecido el liderato, seguido de Niki Lauda y, sorpresa, el Toleman de Ayrton Senna. El brasileño apenas salía en la retransmisión de la carrera y de repente las cámaras lo cazaron en la tercera posición y muy pegado al McLaren de Lauda. De hecho, las realización tuvo que centrarse en esa disputa, ya que Ayrton no tardó en superar al austriaco, arrancándole las pegatinas en la recta de meta.

Senna supera al McLaren de Lauda para colocarse en 2ª posición. | Fuente: formula1.com.

Sin embargo, y al contrario de lo que suele predicar la historia básica de la Fórmula 1, por detrás de Senna otro piloto también brillaba con gran resplandor. Stefan Bellof realizaba una espectacular escalada y superaba hábilmente a Keke Rosberg y, posteriormente, a René Arnoux y a Niki Lauda (que se retiró por accidente); para afianzarse en el último cajón del podio. Recordemos que el alemán salía último.

Parecía que en McLaren ya respiraban tranquilos con Prost líder, Niki Lauda cubriendo el doblete y Mansell K.O, cuando de repente se encontraron con Lauda retirado y Senna y Bellof ascendiendo a toda velocidad. Era que cuestión de tiempo que ambas promesas llegaran a la posición del francés. Solo un cambio repentino de las condiciones podrían salvar la situación. Y ese cambio llegó, de la mano de la lluvia, que pasó de aliada a enemiga.

El agua comenzó a caer con una fuerza indecente sobre Mónaco. El spray aumentó de forma notable en pista y los coches se volvieron incontrolables. La carrera estaba pidiendo a gritos ser parada. Y lo fue. Comenzaron a salir las banderas rojas anunciado lo que Senna y Bellof temían: el espectáculo se terminaba.

Stefan Bellof, instantes después de superar a René Arnoux. | Fuente: formula1.com

Para la historia quedará la imagen de un incansable Ayrton Senna que, a pesar de las banderas rojas, pasaba por meta a toda velocidad, con la intención de seguir machacando el cronómetro hasta superar a Prost. A la izquierda de la instantánea, quedaba un Prost exhausto, que agradecía a todos los santos posibles que aquel golpe meteorológico le salvara de una situación más que tensa. Lluvia, poderosa aliada para unos y terrible enemiga para otros.

Bajó al unísono, con la bandera roja, la bandera a cuadros. El GP de Mónaco 1984 se acababa, tras completarse solo 31 vueltas de las 78 previstas, siendo esta una de las más cortas de la historia. Evidentemente, al no completarse todo el Gran Premio, se repartieron la mitad de los puntos posibles. Aún así, Alain Prost terminó más que contento, tras asegurarse el triunfo en el Principado y sacarle más distancia en el Mundial a su compañero, Niki Lauda.

En el podio le acompañaban dos inmensas alegrías… contenidas. Ayrton Senna tuvo que conformarse con la segunda plaza. Aquel lluvioso día le regaló su primer podio, de un total de 80, al brasileño, pero, quizás, al mismo tiempo, le robó su primera victoria. A su lado, el malogrado Stefan Bellof, que al igual que Senna maravilló a todos con esa espectacular escalada del último al tercer puesto y que, quién sabe, igual le habría disputado la posible victoria al brasileño. Por desgracia, al alemán le anularon aquel podio y toda la temporada, debido a la penalización adjudicada a su equipo, Tyrrell, por infringir los límites de peso en el tanque de combustible.

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