Sergio Pérez se confirma como el mejor piloto mexicano de la historia

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El Gran Premio de Azerbaiyán se ha alzado una vez más como una de las carreras más emocionantes de la temporada, por no decir que sus eventos la colocan entre una de las mejores carreras de la década. Toda gran carrera debe tener un gran ganador, y cuando más parecía que ese vencedor sería Lewis Hamilton o Max Verstappen, el drama volvió a azotar al líder de la prueba.

El dramático pinchazo de Max Verstappen en los últimos compases de la carrera en un estilo muy similar al de Valtteri Bottas hace tres años y la posterior bandera roja provocaron una revolución indescriptible. Hasta ese punto del Gran Premio, el doblete de Red Bull parecía prácticamente sentenciado, pero el destino le tendría una última sorpresa a Sergio Pérez en el Circuito Urbano de Bakú.

La carrera del mexicano había sido impecable. Tras partir sexto en parrilla, «Checo» volvería a tirar de una de sus mayores virtudes para hacer funcionar la estrategia del overcut que Red Bull había ideado y, de no haber sufrido una parada en boxes de más de cuatro segundos, el mexicano incluso podría haber plantado cara a Max Verstappen. Con todo, el objetivo principal, situarse frente a un Lewis Hamilton que sufrió una parada igual de lenta, se cumplió con creces, dando inicio a la masterclass del de Guadalajara.

La defensa de esa segunda posición durante gran parte de la carrera sería merecedora de la oportunidad de conseguir su primer podio con Red Bull con solvencia, pero claro, en ese entonces surgiría el revés más grande de un Max Verstappen aún líder del mundial. En la vuelta 45, el holandés impactaba contra el muro y se veía obligado a retirarse tras un difícilmente entendible pinchazo, el segundo de la carrera tras el de Lance Stroll.

La misión de Sergio Pérez, con este nuevo panorama, era impedir que Lewis Hamilton robase una victoria que podría ser clave para el campeonato a la larga y, en el proceso, intentar obtener su primer triunfo con el equipo de las bebidas energéticas. Y vaya si lo hizo.

Una vez más, Sergio Pérez tiraría de galones y se impondría a los nervios crecientes de una resalida en parado con tan solo dos vueltas por delante. Lewis Hamilton, por su parte, cedería ante la inmensa presión de verse líder en el año en el que más batalla le está presentando Max Verstappen. Mientras el británico se iba largo en la curva 1, Sergio Pérez tomaba plácidamente el liderato, volviéndose inalcanzable hasta para un Sebastian Vettel con neumáticos blandos nuevos.

La segunda victoria de Sergio Pérez en Fórmula 1 era una realidad, la primera tras su fichaje por Red Bull en un año que se presuponía difícil para él. Hoy sí, podemos decir que Red Bull contó con un segundo piloto de 10, a la altura de las expectativas y capaz de plantar cara a los rivales, salvar la mayor cantidad de puntos posible y, a la postre, engrosar el número de victorias de los de Milton Keynes, que asciende a 67.

Sergio Pérez iguala así el número de victorias obtenido por Pedro Rodríguez, al cual ya superaba en número de podios obtenidos y vueltas rápidas. Además, la excelsa demostración del mexicano le permite subir a la tercera posición del mundial y ampliar con creces el liderato de Red Bull en la clasificación de constructores. Una labor de escudero intachable en el que ya es su circuito talismán.

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