El premio de la supervivencia | Qué pasó… en el GP de Australia 2009

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La Fórmula 1 es un deporte plagado de historias muy variadas. Desde victorias épicas a dolorosas derrotas, hemos visto cómo el drama se cebaba con un piloto en la última vuelta del campeonato y, aun así, es un mundo donde siempre hay cabida a cierta comedia o ironías del destino. La historia de hoy podría calificarse como el primer capítulo de la gran sorpresa de la década de los 2000.

Podemos contar con los dedos de la mano el número de estructuras que han llegado en estos últimos años a la Fórmula 1 aunque, siendo justos, esta historia tiene como protagonista a la reconversión de una ya existente.

Hoy, hablaremos de cómo los vientos de cambio pueden revolucionar la Fórmula 1… o no. También, de cómo una mísera libra esterlina y la brillante solución de un equipo moribundo cambió el desarrollo de la temporada 2009. La historia de hoy es el primer Gran Premio de Brawn GP.

EL CONTEXTO | De las cenizas de Honda, al mejor equipo de la historia

La historia de Honda en este siglo es bastante más inglesa de lo que se podría pensar en primera instancia. Sin ir más lejos, la estructura que adoptó como suya para participar entre 2006 y 2008 fue la de la escudería BAR (British American Racing), a la cual motorizaban desde el año 2000 y cuya base estaba en la localidad de Brackley, en el corazón de Inglaterra. ¿Os suena este lugar?

Aunque Jenson Button logró la primera victoria de la marca japonesa como equipo desde John Surtees en 1967, las visitas al podio fueron tan escasas como los puntos en el casillero. Entre los resultados y la dura situación económica del momento, el grifo se cerró en 2008.

Es en este punto de la historia en el que entra Ross Brawn, el jefe de equipo de Honda desde 2007. Con una estructura que afrontaba el abismo, el inglés se hizo cargo de los costes del equipo con el apoyo de Honda, obteniendo así el derecho a que la rebautizada Brawn GP participase en la temporada de 2009 por el simbólico pago de una libra.

Con un chasis cimentado alrededor del doble difusor, un motor Mercedes y un monoplaza blanco sin rastro de patrocinadores, la amalgama de trabajadores de Honda y la también malograda Super Aguri marchó a la pretemporada con la misma alineación de pilotos: Jenson Button y Rubens Barrichello.

Aun tratándose de un equipo nuevo, los esfuerzos puestos sobre el BGP 001 fueron concienzudos, con un desarrollo iniciado en 2008 para afrontar la normativa que entraría en vigor en 2009, diseñada para simplificar a la Fórmula 1. El rendimiento del que en un principio iba a ser el Honda RA109 no fue cuestión de suerte, sino que implicó infinidad de recursos.

La solución de la parte trasera del monoplaza fue clave y, aunque otros equipos con una mayor hucha como Williams, Toyota y Red Bull también la adoptaron, fue Brawn GP quien le sacó el rendimiento necesario para hacer del BGP 001 una creación legendaria. Cuando el doble difusor fue revisado por la FIA ante las protestas de los equipos, la escuadra inglesa ya había abierto una distancia casi insalvable.

QUÉ PASÓ EN EL GRAN PREMIO | Veni, vidi, vici: un debut al alcance de muy pocos

Con todo, ya sabemos que la pretemporada puede lanzar mensajes equivocados, pero el equipo de Ross Brawn no había jugado un farol. De hecho, había puesto sus cartas sobre la mesa desde el primer momento.

En Australia, las tres sesiones de entrenamientos libres fueron lideradas por el Williams de Nico Rosberg, generalmente con el Toyota de Jarno Trulli como alternativa más plausible. En la clasificación, por otra parte, se descubriría hasta qué punto el equipo Brawn se había contenido.

Solo los monoplazas de Brackley fueron capaces de bajar del 1:25 en la Q2 y, finalmente, coparon la primera fila con Sebastian Vettel a tres décimas del segundo monoplaza, el de Rubens Barrichello.

Jenson Button ya había hecho historia el sábado, sumando a Brawn GP a la selecta lista de equipos que lograron la pole en su Gran Premio de debut: Mercedes, Lancia, Lola, March y Tyrrell, siendo esta última en 1970.

Por detrás, Robert Kubica con su BMW Sauber y Nico Rosberg cerrarían las cinco primeras posiciones. Lewis Hamilton, tras una sanción por sustituir la caja de cambios, y los dos Toyota, descalificados por irregularidades en sus alerones traseros, cerrarían la parrilla.

Tener el coche dominador no siempre asegura una carrera tranquila. Rubens Barrichello realizaría una salida terrible, perdiendo posiciones rápidamente y, en la primera curva, ocasionaría una montonera tras golpear a Nick Heidfeld y Mark Webber. Heikki Kovalainen no podría esquivar el percance, dando fin a su carrera.

El ritmo de Jenson Button le permitiría abrir una ventaja de casi cinco segundos en tres vueltas con Sebastian Vettel, seguido por un Felipe Massa que partía sexto. La acción se centraría en un grupo formado por Raikkönen, Rosberg y Barrichello, luchando por la quinta plaza.

En pleno frenesí por el baile estratégico iniciado en la vuelta 9 de 58, el Williams de Kazuki Nakajima acabaría en las barreras a la salida de la curva 4, ocasionando la salida del coche de seguridad casi dos vueltas después, justo tras la parada de los dos Brawn GP.

Sin nadie capaz de igualar a Button y Vettel, ambos volverían a abrir distancia en la resalida, momento en el cual Nelson Piquet Jr. abandonaría tras salirse de pista, acosado por Nico Rosberg. A su vez, el alemán sería atacado por Timo Glock, Lewis Hamilton y Fernando Alonso.

Poco a poco, la estrategia permitiría a Robert Kubica acortar distancias con el Red Bull de Vettel que, hasta ese momento, no había abandonado la segunda posición. El sorprendente ritmo del polaco le llevaría a alcanzar al alemán tras su segunda parada en la vuelta 40. En la lucha por la quinta posición, se fraguaría un grupo repleto de acción entre Jarno Trulli, Lewis Hamilton, Nico Rosberg y Timo Glock (a pesar de un trompo vueltas antes), donde Fernando Alonso también encontraría un hueco tras superar al de Williams. Ninguno de ellos sospechaba que su pelea tendría como objetivo final el podio.

En la vuelta 53, Robert Kubica iniciaría su asalto a la segunda posición de Sebastian Vettel. Los intentos del polaco se centraban en la curva 3 donde, tras un par de ocasiones, terminaría por tocarse con el de Red Bull, dañando ambos monoplazas. A pesar de los desperfectos, ambos intentarían continuar en pista, lo que llevaría a ambos al muro pocos metros después.

El coche de seguridad saldría por última vez y la carrera concluiría tras él, con Jenson Button habiendo liderado todas y cada una de las vueltas, seguido de su compañero. Jarno Trulli heredaría la tercera posición, aunque no sin polémica.

Lewis Hamilton superaría bajo régimen de coche de seguridad al italiano, que se había salido de pista, y este recuperaría la posición después de que el de McLaren aminorase la marcha. Esto supondría una sanción al piloto de Toyota, pero la ocultación de los mensajes de radio de McLaren para la investigación de la FIA llevaría al inglés a la descalificación.

Tras Australia, Brawn GP se proclamaría como el tercer equipo en la historia de la Fórmula 1 en ganar en su debut. Solo Mercedes, con Juan Manuel Fangio en 1954, y Walter Wolf Racing en 1977 habían logrado esa gesta, una de muchas que la escuadra inglesa alcanzaría en su único año de historia.

POR QUÉ ESTE GRAN PREMIO | El efecto placebo de un cambio de normativa

No nos engañemos. La vida de la Fórmula 1 siempre ha estado ligada a grandes nombres y, en todas sus temporadas, siempre ha habido un equipo más o menos dominador. Escuadras que se adaptaron mejor a sus tiempos o quizás dieron con una tecla que nadie más tocó, con la normativa del momento como su principal arma. Así mismo, los cambios entre las diferentes etapas dominantes de los equipos de Fórmula 1 siempre han venido, precisamente, por cambios.

En 2009, la simplificación de los monoplazas dio lugar a un año arrollador de Brawn GP, que solo dio su brazo a torcer cuando la propia normativa cambió pero, ¿qué sucedió después? Hasta el siguiente cambio de las reglas de juego, quien arrasó en el tablero fue el equipo mejor situado en 2009: Red Bull.

En los próximos años, la Fórmula 1 volverá a sufrir cambios. Siempre los sufre, porque es un ecosistema que siempre avanza, aunque nos empeñemos en pensar lo contrario. Desde 2014, el equipo a batir ha sido, con diferencia Mercedes y todos nos aferramos a unos cambios que los arrojen de nuevo al mundo de los mortales.

¿Es posible que eso suceda? Desde luego, torres más altas han caído en este deporte pero, ¿nos asegura que la igualdad vendrá implícita con esos cambios? La fisionomía de los monoplazas cambiará, pero quién sabe si esa es la mejor solución para el deporte.

Ferrari, Red Bull y Mercedes son los grandes nombres de este siglo, con las pequeñas apariciones de Renault y Brawn en constructores. Soñar con que esos tres estén más parejos es más que posible, pero esperar que una cuarta o incluso quinta fuerza se sume a una lucha real por el título es algo difícil a corto o medio plazo, aunque no imposible.

El oasis que fue 2012 queda lejos ya. En la era híbrida, solo Force India y Toro Rosso han alcanzado el podio sin haber ganado nunca un título en su historia y si hablamos de ganar carreras… El camino que queda, con cambios o no en él, será largo y tortuoso, pero el destino de una Formula 1 más pareja no es una utopía.

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