Lealtad a toda costa | Qué pasó… en el GP de Austria 2001

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Como recordaréis, la última historia que repasamos en «Qué pasó» fue una carrera donde Ferrari volvió a ganar. Un Gran Premio de Francia que Michael Schumacher consiguió llevarse al bolsillo después de una estrategia y un ritmo colosales en su imparable camino hacia un último título mundial. Sí, la dupla del «Káiser» y la Scuderia fue imparable pero, a pesar de esto, los campeonatos no suelen ganarse con un solo piloto… ¿no?

Y digo «suelen» porque el caso de Michael Schumacher fue único. Sus números entre las temporadas de 2001 y 2004 fueron tan sobresalientes que, incluso sin los puntos de Rubens Barrichello, Ferrari habría ganado el título de constructores en tres de esos cuatro cursos. En 2004, de hecho, el brasileño también podría haber conseguido la misma gesta, pero se quedó a seis puntos.

Los casos más rompedores en los que esta gesta se logró fueron en las temporadas de 1963 y 1972. En la primera, los puntos de Jim Clark fueron los únicos que contabilizaron para la copa de constructores. Lotus se haría con el título y el británico sería campeón de pilotos. En 1972, Emerson Fittipaldi sumaría todos y cada uno de los puntos del equipo Lotus y conseguiría ambos títulos para la escuadra de Colin Chapman. Sus compañeros, el australiano David Walker y el sueco Reine Wisell, no conseguirían sumar ni uno en doce pruebas.

En este mar de excepcionalidades que han conseguido pilotos como Nigel Mansell, Niki Lauda, Alain Prost o Mario Andretti siempre hay segundos jugadores, y la temporada de 2001 tuvo un ejemplo tan llamativo como criticado con el paso de los años. Hoy, hablaremos de una carrera cargada de emoción e inverosimilitudes cuyo podio se llegó a disputar hasta la última curva de la última vuelta… pero no de la forma que el mundo habría querido.

EL CONTEXTO | Una inesperada sombra plateada

Hasta este punto del calendario, la sexta prueba del año y la tercera en el periplo europeo de la Fórmula 1 tras San Marino y España, la clasificación seguía apretada. A pesar de las tres victorias y tres poles y un podio en Brasil, el abandono de Michael Schumacher en Imola permitía a su más inmediato perseguidor, David Coulthard, mantenerse a una distancia de ocho puntos.

Lo curioso es que el perseguidor fuese el piloto escocés, que hasta ese momento se había mantenido como el teórico escudero de un Mika Häkkinen que afrontaba un comienzo de año dantesco, encadenando abandonos con resultados poco brillantes. El otro gran rival era Juan Pablo Montoya, pero su mala fortuna llevó al equipo Williams a un hilarante movimiento para San Marino. Un segundo puesto en España era el único resultado en los puntos del ex-piloto colombiano de la CART.

¿Y cómo evolucionaron las cosas en Austria? La clasificación se solventó con una nueva pole de Michael Schumacher, seguido por los dos Williams-BMW y Rubens Barrichello. Por detrás, sorprendían Jarno Trulli y Nick Heidfeld colando a su Jordan y su Sauber en quinta y sexta plaza por delante de los McLaren. En cuanto a los españoles, Fernando Alonso superaba a su compañero Tarso Marques por casi un segundo y conseguía superar a los dos Benetton, ambos con problemas mecánicos ese fin de semana.

El otro español, Pedro Martínez de la Rosa, afrontaba su segunda carrera con el equipo Jaguar después de sustituir al brasileño Luciano Burti, piloto que había hecho las maletas para recalar en el equipo Prost. Burti llegaba a la escudería del ex-piloto francés para relevar al último argentino que ha habido en Fórmula 1 hasta la fecha: Gastón Mazzacane.

QUÉ PASÓ EN EL GRAN PREMIO | Minimizar daños por encima de todo

Con 71 largas vueltas por delante al espectacular trazado del A1 Ring, ¿quién nos iba a decir que la propia salida iba a suponer el mayor golpe de efecto a la carrera? Hasta cuatro monoplazas se quedarían clavados en la recta de meta al apagarse los semáforos: los dos Jordan de Trulli y Frentzen, Nick Heidfeld y… ¡Mika Häkkinen! El desastre volvía a cebarse con el finlandés que, aunque volvería a salir a pista tras empujar su coche al pit-lane, acababa su día antes incluso de poder empezarlo.

En el impresionante barullo, Juan Pablo Montoya y Ralf Schumacher adelantarían a Michael Schumacher y, tras una salida espectacular, Eddie Irvine en el Jaguar y Jos Verstappen en el Arrows subirían a la sexta y séptima posición respectivamente tras partir decimotercero y decimosexto. El coche de seguridad haría una breve aparición para dar tiempo a los comisarios a limpiar la recta de meta mientras Giancarlo Fisichella abandonaba por un nuevo problema en su Benetton.

En la resalida, el protagonista pasaría a ser el piloto holandés de Arrows. Verstappen adelantaría a Irvine en la cuarta vuelta y, en el siguiente giro, ¡adelantaba al McLaren de David Coulthard en la curva 3! Por si esto no fuese suficiente, el de Arrows conseguía la vuelta rápida en ese paso por meta y robaba toda la atención de la carrera manteniéndose pegado a la cabeza de carrera.

Eddie Irvine perdería varias plazas debido al menor ritmo del Jaguar, pero no la de Jacques Villeneuve. El canadiense del equipo BAR se lanzaría se forma precipitada en la curva 1 y, tras un sutil toque, perdería el control de su monoplaza en la vuelta diez. Pocos minutos después, llegaba el primer golpe a Williams: Ralf Schumacher abandonaba por problemas en los frenos.

Juan Pablo Montoya se mantenía líder frente a Michael Schumacher, Rubens Barrichello y Jos Verstappen, que incluso se atrevía a mostrarse al brasileño en las rectas del circuito austriaco. El colombiano buscaba defenderse de todas las maneras posibles de los constantes ataques del «Káiser», provocando que los seis primeros acabasen la vuelta 15 en menos de dos segundos.

Justo en la vuelta 16 llegaría el momento clave de la prueba. Michael Schumacher atacaría en la curva 3 a Montoya por el exterior y el de Williams, en su defensa, perdería por completo el ápice de la curva, yendo directo contra el Ferrari. El germano esquivaría por poco al de Bogotá, pero ambos perderían tiempo y posiciones. ¡Jos Verstappen estaba segundo y Barrichello lideraba! Aunque el Arrows del holandés también había rodado en posiciones de podio en Malasia ese mismo año, la sorpresa era general.

Poco duraría la alegría en el equipo inglés: Enrique Bernoldi debía abandonar y Jos Verstappen era el primero en parar en boxes en el paso de la vuelta 23 a la 24, descubriéndose el origen de su impresionante ritmo en la escasa carga de combustible que llevaba. Las vueltas avanzaban y los pilotos de la cabeza esperaban al momento de su única parada, con Barrichello rodando a buen ritmo con Coulthard detrás y otra sorpresa: Kimi Räikkönen en su Sauber tras salir noveno.

Michael Schumacher superaría en la vuelta 28 al finlandés para recuperar su puesto en el podio, todo mientras los tres primeros navegaban entre un denso tráfico formado por los Prost de Jean Alesi y Luciano Burti, Pedro de la Rosa, Jenson Button y Fernando Alonso.

Superada la mitad de la carrera, Juan Pablo Montoya buscaba reparar el daño causado superando a Olivier Panis por la quinta posición pero, en la vuelta 40, su Williams decía basta y se veía forzado a abandonar. Una vuelta después, lo hacía el Minardi de Fernando Alonso. Las paradas en boxes llegarían a partir de la vuelta 44, donde Ferrari haría un amago antes de hacer entrar a Michael Schumacher en la vuelta 46.

Los pasos por boxes se sucederían sin problemas, pero las reincorporaciones a pista iban a ser vitales. El «Káiser» cometería un inusitado error yéndose largo en la curva 4 y, tras una parada ligeramente más rápida a la de Barrichello y lograr la vuelta rápida, David Coulthard tomaría la cabeza de la carrera de forma definitiva en la vuelta 50 para no volver a abandonarlo.

Rubens Barrichello buscaría recortar la distancia de alrededor de dos segundos que el equipo McLaren había conseguido construir entre la dupla de Ferrari, pero el escocés evitaría por todos los medios perder el liderato con un impresionante ritmo final durante veinte vueltas. Ante esto, la decisión del muro de Ferrari fue… pedir a Barrichello que levantase el pie y facilitar que Michael Schumacher se acercase.

Rodando pegados hasta la última curva, David Coulthard ganaría el Gran Premio de Austria y Michael Schumacher cruzaría segundo para minimizar daños y perder el menor número de puntos posibles ante el piloto de Twynholm. Rubens Barrichello había levantado el pie. Kimi Räikkönen, a la chita callando, lograría su mejor resultado hasta el momento con un cuarto puesto y Jos Verstappen conseguiría el único punto de Arrows en el curso.

POR QUÉ ESTE GRAN PREMIO | «Rubens, let Michael pass…»

Aunque los integrantes de Ferrari en el parque cerrado buscaban animar a Barrichello y el propio Jean Todt se presentó para consolar al brasileño, el gesto del piloto de São Paulo era serio. Rígido. En su segundo año como piloto de la Scuderia Ferrari, Rubens ya tenía claro que, aunque llegarían muchas alegrías, ninguna de ellas iba a ser la alegría definitiva de cualquier piloto de Fórmula 1.

La figura de Michael Schumacher era vital para los de Maranello. Tanto, que la apuesta era el alemán siempre, ¡y menuda apuesta! Apostar al cavallino ganador nunca fue arriesgado y Rubens Barrichello aceptaría su posición, formando parte de una dupla histórica hasta tiempos muy recientes. Sería subcampeón en dos ocasiones, pero este episodio marcaría el resto de la temporada… y no había llegado lo peor.

El Gran Premio de Austria de 2002 marcaría uno de los episodios más oscuros de la relación de estos dos pilotos y Ferrari. En un movimiento semejante al de 2001, Rubens Barrichello volvería a dejar pasar a Michael Schumacher entre los abucheos del público. Una vez más, la apuesta era el «Káiser» sobre Barrichello, pero la ejecución fue la peor imaginable, dejando para el recuerdo una imagen traumática y una mancha imborrable.

El resumen es el siguiente: todo segundo piloto es importante. Siempre. Aunque su aportación pueda aparentar pequeña, es una figura que debe existir en todos los equipos de la Fórmula 1. Mantener un equilibrio entre la alineación de pilotos de una escudería es vital para el correcto desarrollo de la misma. Existen infinidad de casos que tuvieron un final amargo, pero la de Ferrari perduró y ganó por el trabajo que hubo detrás. Al final, un segundo piloto puede ser de vital ayuda para el jefe de filas.

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