Olvidado por el público | Qué pasó… en el GP de Italia 1976

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Las gradas de Monza no rugirán este año. La crisis del Coronavirus ha arrasado con todo este año y la Fórmula 1 perderá este fin de semana una de las imágenes más emblemáticas del calendario y, prácticamente, de su historia: el calor de los tifosi.

Sin embargo, hay alguien que agradecerá, con la boca pequeña eso sí, que los pasionales aficionados italianos no acudan al Autodromo. Y ese alguien, irónicamente, es el equipo Ferrari. La situación de la Scuderia actualmente es límite, con unos resultados que ya no están lejos de lo deseado, sino en el ámbito de lo humillante.

Aunque, remontándonos muchos años atrás existió otro domingo en Monza, donde el legendario equipo italiano no contó, en parte, con el apoyo de su público. Hoy recordamos Qué Pasó en el GP de Italia 1976.

EL CONTEXTO | El hombre que desafió al infierno

Es imposible mentar a la temporada 1976 y no acordarse de sus protagonistas, Niki Lauda y James Hunt, cuya historia fue tan emblemática que incluso se llevó al cine, por medio de la conocida cinta de «Rush», una obra histórica para muchos aficionados. Pero, en este caso, nos sobra el extravagante James Hunt, nuestro protagonista es Niki Lauda.

El austriaco recordará ese año siempre como el de su segundo nacimiento. Pocos desconocen su abrasador accidente en Nürburgring, donde casi pierde se vida entre las llamas. De aquella desgracia, casi se dio a Lauda por muerto. Era imposible que una persona pasara tanto tiempo en el mismísimo infierno y pudiera vivir para contarlo. Incluso su propio equipo, Ferrari, no tardó en buscarse la vida y firmar a Carlos Reutemann para sustituirle e incluso iniciar conversaciones para recoger su testigo en la próxima temporada.

Tras el accidente de Lauda, Reutemann fue llamado a sustituirle en el GP de Italia. | Fuente: FORIX.com

Y entonces llegó la ficción. Lauda luchó y peleó en el hospital, mientras mantenía un ojo en como avanzaba el campeonato, donde James Hunt peleaba por superar su terrorífico inicio de temporada para ponerse a 14 puntos del austriaco. Milagrosamente, Niki no solo se recuperó, sino que se plantó en Monza como un superviviente de guerra y tras haberse perdido solo las pruebas de Austria y Holanda. Ni la propia Ferrari se lo creía, habían firmado a Reutemann para suplirle, y al final terminó sobrando.

QUÉ PASÓ EN EL GRAN PREMIO | Vítores para el que dio la cara

Quizás una de las imágenes más impactantes de la película de Rush sea la escena en la que Niki Lauda se prepara antes de montarse al coche. No quedan archivos de ello en la vida real, pero si numerosos testimonios que afirman que el procedimiento era extremadamente doloroso para un cuerpo que semanas antes coqueteaba con la muerte. Sin embargo, la primera prueba del compromiso de Lauda con su equipo y su título estaba ahí, en la insistencia por hacer que ese casco entrara, pese al dolor.

En el mismo instante en el que el austriaco salió a pista, toda la grada se enfocó en él y los aplausos se apoderaron de Monza. La incredulidad y respeto era unánime entre los aficionados. Lauda parecía un Dios y pocos contradicen esta afirmación. Y, como Dios, no salió a pasearse, salió a coronarse. Niki Lauda no hizo la pole, pero fue el 5º más rápido de un total de 29 pilotos. Y lo más importante, fue el más rápido de Ferrari, el equipo que ya le daba por muerto.

Sin embargo, la realidad a día de hoy sigue sin admitir excesos en lo paranormal. La carrera dio comienzo y tanto el poleman Jacques Laffite como el sudafricano Jody Scheckter, salieron como un tiro. La salida sorprendió a muchos pilotos, uno de ellos Lauda, que incluso llegó a caer fuera del top 10. Mientras tanto, sus compañeros Reutemann y Regazzoni se unieron a la pelea por el triunfo.

Comenzaron las buenas noticias para Niki Lauda. James Hunt y McLaren cerraban un fin de semana de pesadilla y apenas completaban 12 vueltas tras retirarse el británico en una desesperada por remontar. Quizás eso envalentonó a Lauda, que apretó lo indecible y empezó a subir posiciones como un loco. De hecho, en la mismísima vuelta 13 ya se encontraba en la pelea por la 6ª posición. El público no cabía en sí mismo. Los aplausos sonaban por encima del rugido de los V12.

Poco más de un mes después de batir a la muerte, Niki Lauda no plantó a los tifosi. | Fuente: FORIX.com

Y Lauda no se contentó con ello, buscó más. El austriaco sacó a relucir su ritmo a base de martillo, y encadenó varias vueltas rápidas, que fueron superadas casi ‘in extremis’ al final de la carrera y por Ronnie Peterson, el líder de la misma. Su velocidad le ayudó a alcanzar a los Tyrrell y quien dice alcanzar, incluye superar. La incredulidad ante la hazaña era total. Ferrari jugaba en casa y se disputaba la victoria con el viejo Clay Regazzoni y, sin embargo, el público estaba absolutamente enfocado en aquel Dios llamado Niki Lauda.

La bandera a cuadros se dejó caer y el primero en pasar bajo la misma fue el sueco Ronnie Peterson. Clay Regazzoni se tuvo que conformar con la plata, por apenas 2.3 segundos, mientras que Jacques Laffite no pudo defender su pole y cerró el podio a escasas 7 décimas del suizo. Este es el resultado formal, ya que, sin duda alguna, el vencedor aquel día fue Niki Lauda que entró vitoreado en una ilógica 4ª plaza.

El austriaco venció a las llamas y a la muerte. Luchó durante más de un mes por volver y tras perderse dos carreras y sentarse en un coche sin casi poder ponerse el casco, rozó el podio y aumentó su ventaja con James Hunt. De película.

POR QUÉ ESTE GRAN PREMIO | Ferrari se salva de su propio «factor cancha»

La heroicidad de Niki Lauda perdura en los anales de la historia, no solo por lo logrado en un solo fin de semana, sino por todo el fondo que se oculta tras ese 4º puesto. En aquel Gran Premio, Lauda no solo dio una lección de superación en la vida, sino que asestó un golpe de orgullo y respeto tremendo sobre la imagen de la Scuderia Ferrari, la misma que ya negociaba con su asiento para la próxima temporada.

En 2019, Leclerc se dio su primer baño de masas en Monza; mientras que en 2020 se va a librar de un mal recuerdo. | Fuente: Ferrari Media Centre

Esto es una intrahistoria, sacada de su mala relación el mandamás Enzo Ferrari y del movimiento de la Scuderia que finalmente dio el asiento de Regazzoni a Reutemann. Solo hay que imaginar superficialmente, la que se podría haber liado si Ferrari hubiera dejado tirado a Lauda tras lo visto en el GP de Italia 1976. Una ecatombe a la italiana.

Volvemos ahora al año 2020, donde la imaginación se ha hecho realidad y Ferrari se encuentra en el ojo del huracán, enfrentándose a una de las mayores humillaciones de su historia. En Spa-Francorchamps, Il Cavallino casi tocó fondo, tras verse sumido en la pelea por pasar a la Q2, algo que incumbe a los farolillos, a los más lentos del Gran Circo. Y todo debido a ese coche, al que le sobra drag por todos lados.

Y sin embargo, en esta situación tan crítica, Ferrari tiene un motivo para sentirse aliviado y dar las gracias. La ausencia de público de este domingo en el Autodromo Nazionale di Monza salvará a la Scuderia de una de las imágenes más tristes de su historia, que no habría sido otra sino el probable abucheo y linchamiento de unos tifosi profundamente decepcionados y hundidos por ver a su equipo arrastrarse por la pista. La edición de 1976 le robó el protagonismo a Ferrari, a regañadientes, mientras que 2020 le ha liberado de la más terrible de las sensaciones: la condena y olvido de tu público.

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