Qué pasó… en los Grandes Premios de la Rusia imperial

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Mucho antes de que la Fórmula 1 estuviese sobre el papel en las mesas de aficionados, marcas y pilotos y tan nueve años después de que la Federación Internacional del Automóvil naciese, el Gran Premio de Rusia existió. Hablamos de una época en la que las carreras eran un espectáculo todavía tosco comparadas a las de hoy, pero con una elegancia y una repercusión propia del comienzo del siglo XX.

Marqueses que competían libremente con vehículos modificados en carreras que, lejos de realizarse en circuitos, se disputaban en carreteras de ciudad en ciudad. Pruebas contra los elementos con maquinarias velocísimas para el momento que, inevitablemente, captarían el interés de los entusiastas de los vehículos del Imperio Ruso. Entre 1913 y 1914, el Gran Premio de Rusia fue una realidad organizada por el SPAK, más conocido como el Automóvil Club de San Petersburgo, capital del imperio donde se encontraría el trazado de 30 kilómetros.

Hasta aquel entonces, los Grandes Premios bajo esta nomenclatura habían quedado reducidos a unos primeros compases en Francia y Estados Unidos, aunque existiesen pruebas deportivas con otros nombres en Italia o Alemania. El Imperio Ruso sería el tercero en adoptar este concepto tras varios antecedentes que, como era normal, partían de San Petersburgo, por lo que la base para lanzarse a un Gran Premio existía y no sería escasa la participación en su primera edición.

Hoy, seguimos con los «Qué pasó» algo diferentes para dar un salto atrás en el tiempo. Antes de que la Primera Guerra Mundial asolase el mundo y echase el cerrojo a las carreras, el Imperio Ruso se sumaría a la historia del automovilismo con dos pruebas dominadas por una marca que, a día de hoy, continúa con el legado que, en parte, dejó en territorio ruso hace más de un siglo. Mucho antes del nacimiento de las flechas plateadas.

1913: el primer Gran Premio de Rusia

El 30 de mayo de 1913, la tercera edición de las 500 millas de Indianapolis supondría, tras la Targa Florio, la segunda carrera de la temporada de las grandes carreras de ese año en el que el mundo comenzaba a tambalearse de forma considerable en los Balcanes. En aquella carrera, el francés Jules Goux saldría victorioso a bordo de un Peugeot L76, una bestia récord capaz de alcanzar los 190 km/h y que lograría la primera victoria europea en la prueba americana.

Una semana después, el Gran Premio de Rusia haría su salida al escenario internacional un 7 de junio con una respetable lista de 21 inscritos. Comprensiblemente, la parrilla estaría compuesta por una inmensa presencia de pilotos locales y alguna más escueta francesa o británica. De todos ellos, destacaba la aparición de un Hispano-Suiza comandado por uno de sus fundadores, Marc Birkigt, además de la armada de cuatro modelos Vauxhall y tres de Benz. En este punto, quizás os preguntaréis por qué Benz y no Mercedes, pero lo cierto es que la Mercedes que nosotros conocemos no nacería hasta la fusión de Daimler y Benz en 1926.

La lluvia sería la gran protagonista de este primer Gran Premio de Rusia disputado a siete vueltas. Tal sería la cantidad de agua caída del cielo que las carreteras por las que transcurría la carrera sufrirían estragos. Varios abandonos se deberían a los daños que el firme provocaba en los vehículos, lo que llevó a la organización a tomar una decisión única en la zona de Krasnoye Selo, al sureste de San Petersburgo. El concepto sería algo similar al de las slow zones que se aplican a día de hoy en las 24 Horas de Le Mans, ya que un comisario entregaría un cronómetro a los participantes una vez llegasen a su posición y deberían recorrer el tramo hasta el final de la población en diez minutos, reduciendo su velocidad normal.

Finalmente, la victoria se la llevaría el local Georgy Suvorin a lomos de un Benz 29/60HP tras más de dos horas de carrera, seguido a más de dos minutos de distancia por el también local Ivan Ivanov con un Russo-Balt, vehículo de producción rusa. El podio lo cerraría el francés René Nothombe con un Métallurgique de origen igualmente francés a casi cinco minutos y medio del ganador. Esta no sería la primera victoria de Benz en suelo ruso, aunque sí la primera bajo el nombre de Gran Premio de Rusia.

1914: la última edición antes de la Gran Guerra

Un año más, San Petersburgo repetiría en fechas similares su Gran Premio de Rusia, pero no sería la única prueba interesada en aprovechar los últimos retazos de la primavera. Tal y como se haría durante más de 50 veces a lo largo de su historia, el 30 de mayo se disputarían las 500 millas de Indianapolis y, por si esto no fuese suficiente, el 31 de mayo marcaría una nueva edición de la Coppa Florio, una carrera que no se debe confundir con la Targa Florio. El Gran Premio de Rusia compartiría fecha con la prueba italiana, dejando además poco más de un mes para preparar el prestigioso Grand Prix de l’A.C.F, disputado en Lyon ese año.

El poco interés de las marcas por presentarse en San Petersburgo ante las poco favorables fechas irritaría al SPAK que, como respuesta, se lanzaría a realizar el evento más ostentoso posible, tirando la casa por la ventana con unas facilidades dignas de la más importante de las carreras. Como consecuencia, aumentaría el coste de inscripción a unos 400 rublos, hecho que daría la puntilla y recortaría la presencia local ante el desorbitado precio de participación.

Esto llevaría a una participación inferior de quince inscritos que, el día de la carrera, se vería reducida a doce, dentro de los que destacaban un Ivan Ivanov con ganas de redención tras su segundo puesto el año pasado; el conde italiano Eugenio Beria d’Argentine y la piloto Elena Samsonova, nacida en 1890 y una de las primeras mujeres en lanzarse a las carreras en Rusia. Aparentemente, no sería la única piloto en probar en el trazado ruso, pues el nombre de «Suvorina» surgiría en según qué documentos, aunque ni rastro de la misma en el Gran Premio de 1914.

Una vez más, el poderío de Benz quedaría demostrado en las siete vueltas a las que se disputó la prueba con la victoria del alemán Willy Schöll, que a la postre destrozaría el récord del anterior año reduciendo el tiempo recorrido a la hora y tres cuartos. El podio de esta última edición lo cerrarían el ruso Stepan Ovsyannikov a bordo de un Vauxhall y el conde Eugenio Beria como único representante de la marca Aquila Italiana. Al poco tiempo, el mundo entraría en la penumbra de la Gran Guerra y, a mayores, Rusia entraría en uno de sus periodos más duros con la Revolución Rusa.

Desde ese entonces, el tiempo pasaría con el automovilismo mirando con relativo recelo al territorio más allá del Telón de Acero. Solo el Gran Premio de Hungría de Fórmula 1 podría derrumbar la barrera a partir de 1986 y así abrir paso a la máxima representación de la competición de motor, pero el dato con el que nos debemos quedar es el siguiente: en todos los Grandes Premios de Rusia disputados hasta la fecha, solo una marca ha ocupado la victoria, y esa es Mercedes-Benz. Para encontrar un hito similar, deberíamos remontarnos al Gran Premio de la India, prueba que solo ganaría Red Bull en sus tres años de existencia, pero lejos de las 8 ediciones rusas, aunque sea con el asterisco de que solo 6 serían en Fórmula 1.

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