Sebastian Vettel, profeta en el Ring | Qué pasó… en el GP de Alemania 2013

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Desde que el deporte es deporte, la emoción de jugar en casa es algo capaz de llegar a deportistas e integrantes de un equipo como nada. Es una energía que trasciende más allá de la ciencia y que, sencillamente, se entiende como la fuerza que la grada es capaz de transmitir a jugador, deportista o, como es el caso que nos atañe, piloto. Luchar por el triunfo en el circuito de tu país posee una magia que solo unos elegidos han conseguido manejar a lo largo de la historia y ni que decir tiene que ganar el Gran Premio de casa supone una inyección de moral como pocas.

Existen casos y casos, pero el de hoy presenta un hito tan actual como difícil de digerir. Casi una decada ha pasado desde la última vez que la Fórmula 1 visitó el Nürburgring, un circuito que respira gasolina por todos sus costados y que, desde 1984, dejó atrás a ese coloso al que aficionados y pilotos veneran como la mayor pista jamás concebida: el Nordschleife, hermoso como las montañas de Eifel por las que transita su pista, pero prohibido para las velocidades de los monoplazas. En 2013, el mundial haría su última aparición ante la penuria económica del circuito, pero Sebastian Vettel aprovecharía su mejor ocasión para alzarse como el mejor.

EL CONTEXTO | Desde el Kaiser al ‘Kaiser’

En lo que al mundo del motor se refiere, Alemania siempre fue una nación a la vanguardia, origen de muchas de las marcas dominadoras en infinidad de disciplinas y hogar de los pilotos más afamados tanto en el asfalto como en la tierra o la nieve. Con todo, a comienzos del siglo pasado, existía una tarea pendiente para el que, en ese entonces, todavía era el Imperio alemán: un circuito ajeno a las carreteras nacionales. Construir unas instalaciones donde las marcas alemanas podrían probar su maquinaria de competición y de calle se transformaría prácticamente en una cuestión de estado tras la orden del Kaiser Guillermo II de Alemania, pero llegó la guerra.

No fue una guerra cualquiera la que azotaría la nación, sino la Gran Guerra, suficiente para echar por tierra cualquier iniciativa, sobre todo considerando las terribles dificultades que los alemanes tendrían que superar, pero el plan del Nordschleife se mantuvo a flote de una forma muy ingeniosa. Para enfrentarse al desempleo de la región, la construcción del circuito pasaría por las manos de hasta 2.500 trabajadores y, tras dos años labrando las grandes ondulaciones de las montañas de Eifel, el circuito estuvo listo para 1927.

Desde ese punto, tan solo la Segunda Guerra Mundial pondría freno a la disputa del Gran Premio de Alemania en el Nordschleife, lográndose una amplia mayoría de victorias germanas en suelo local. La salud del grandioso circuito alemán era maravillosa, atrayendo a aficionados de todos los puntos para presenciar de primera mano un espectáculo tan vivaz como letal, porque sí, la fama del Nordschleife poco tardó en construirse sobre los accidentes fatales que allí sucedían incluso en tests ajenos a las carreras.

El runrún de una nueva ubicación para el Gran Premio de Alemania se transformó en temblor en 1970, momento en el que el reformado Hockenheimring albergaría una edición ganada por Jochen Rindt, su última victoria y cuarta consecutiva antes de abandonar en Austria y fallecer en el Gran Premio de Italia. El accidente de Niki Lauda en 1976 tan solo supondría la chispa que detonaría la presencia del Nordschleife en el campeonato, que pasaría definitivamente a Hockenheim, pero esta no sería la última palabra desde la región de Eifel.

El Nürburgring GP-Strecke nacería, como ya os contamos, en 1984 y no tardaría en acoger el Gran Premio de Europa, prueba por la que pasaría a conocerse principalmente ante la tenencia de Hockenheim de los derechos del Gran Premio de Alemania. De esta forma, el país germano acogería dos pruebas de F1 en suelo nacional por primera vez en su historia. Con todo, no sería hasta la década de los 90 cuando Nürburgring volvería al escenario de forma definitiva a través de un pequeño cameo del Gran Premio de Luxemburgo y, finalmente, bajo el sobrenombre de la prueba europea.

Michael Schumacher sería el principal ganador local del Gran Premio de casa y, a la postre, del Gran Premio de Europa, pero faltaba la combinación original, la única e inigualable: ningún alemán había ganado el Gran Premio de Alemania de Fórmula 1 allí donde todo comenzó, en Nürburgring. La alternancia entre Hockenheim y el Infierno Verde por la situación económica de ambos trazados se iniciaría en 2008 y así, llegaríamos a esta década. Michael Schumacher tan solo podría disputar la edición de 2011 y, aunque Nico Rosberg partía con cierta opción remota, la principal baza alemana sería la de Sebastian Vettel. Llegamos a 2013.

QUÉ PASÓ EN EL GRAN PREMIO | La valiente resistencia del equipo Lotus

En la temporada 2013, los sábados solo existían dos equipos: Mercedes y Red Bull. Las flechas plateadas hacían honor a su nombre durante las sesiones de clasificación pero, como sabéis, el mayor problema de los alemanes residía en el terrible sufrimiento con los neumáticos Pirelli en carrera. Lewis Hamilton obtendría su tercera pole de la temporada en Nürburgring, mientras Nico Rosberg no era capaz de pasar de la Q2. Por detrás del inglés, la dupla de Red Bull y la de Lotus, con Kimi Räikkönen y Romain Grosjean. Daniel Ricciardo sería capaz de colar su Toro Rosso por delante de los dos Ferrari y arrancaría sexto.

Con 60 vueltas por delante y los seis primeros arrancando con unos neumáticos blandos que se desharían con tan solo mirarlos, el Gran Premio arrancó con Lewis Hamilton buscando defender lo indefendible. Los dos Red Bull saldrían como centellas y ocuparían las dos primeras posiciones. Poco después de la salida, en la vuelta 3, llegaría el primer abandono de parte de un Felipe Massa que, tras colocarse sexto, perdía su caja de cambios en la primera curva y abandonaba tras un trompo.

Pero Red Bull no tenía hecho el doblete, ni muchísimo menos. Lewis Hamilton haría su primer paso por boxes y saldría tras su compañero, Nico Rosberg, y acordaos de esta situación, porque tiene miga. Como respuesta, pararía Sebastian Vettel, que saldría delante de los Mercedes, dejando a un Mark Webber líder que pararía en la vuelta 8. Sería en ese momento en el que el australiano, con una rueda mal ajustada tras una parada lenta, perdería un neumático en marcha que, descontrolado, impactaría contra Paul Allen, cámara de la FOM en el pit-lane, que inmediatamente sería trasladado al hospital de Koblenz, a casi una hora del circuito.

Mark Webber podría continuar en carrera, pero con una vuelta perdida. Esta situación dejaría a Romain Grosjean al frente durante cinco vueltas tras la parada de Kimi Räikkönen, que ahora rodaba muy pegado a los dos Mercedes. ¿Por qué? Nico Rosberg, que arrancaba con el neumático medio, tardaría en hacer su parada y, lejos de dejar pasar a su compañero Lewis Hamilton, seguiría defendiendo su plaza. Esto permitiría al finlandés de Lotus presionar al inglés y, por encima de todo, haría que Grosjean, tras su parada en la vuelta 13, saliese por delante de este grupo. Con el daño ya hecho, Hamilton superaría a Rosberg.

Liderando sin mayor sobresalto, Sebastian Vettel recibiría un aviso, y es que Grosjean y Räikkönen, tras adelantar a un Hamilton que ya pensaba en su segunda parada al ser presionado por Fernando Alonso, iban en búsqueda y captura. Con todo, uno de los eventos más inverosímiles de este siglo pondría una pausa al Gran Premio de Alemania. Jules Bianchi, debutante con Marussia, sufría un espectacular fallo mecánico que envolvería en humo blanco gran parte del último sector. Tras aparcar su monoplaza en la hierba, el peligro parecía haber acabado pero, al rato, ¡el Marussia se escapaba!

A pesar de dejar el coche en neutral, tal y como indican las normas de la FIA, la pendiente en dirección a la última chicane sería suficiente como para que el Marussia MR02 cobrase voluntad propia y se desplazase ladera abajo hasta ser detenido por una valla publicitaria. Este curioso (y peligroso) evento desencadenaría en un coche de seguridad que llevaría a la inmensa mayoría de pilotos al frente a parar en boxes.

La resalida sería el pistoletazo de salida de la batalla entre Sebastian Vettel y los dos Lotus para la segunda mitad exacta de carrera. Con los tres primeros pegados en todo momento, sería Grosjean el que lanzaría el primer reto a Red Bull con un undercut en la vuelta 40. El ritmo de Vettel sería suficiente para defender por escasos metros este ataque, pero faltaba por ver si Kimi Räikkönen sería capaz de consolidar la estrategia contraria, un overcut. La presencia de Hamilton, todavía con su última parada pendiente, dejaría a Romain Grosjean cortado. La última baza era la de Räikkönen.

El finlandés haría su última parada en la vuelta 49 junto con Fernando Alonso, dejando a Vettel al frente. Räikkönen superaría a su compañero de Lotus en la vuelta 55 y lanzaría un último ataque contra el alemán, que veía muy cerca su única victoria en su Gran Premio de casa. El asturiano de Ferrari buscaría presionar a un Grosjean definitivamente fuera de la lucha por la victoria, pero no podría superar a un Lotus mejor en el trazado germano.

Finalmente, y por un segundo exacto, Sebastian Vettel se proclamaría profeta en su tierra y vencería el único Gran Premio de Alemania de su carrera deportiva, seguido de Räikkönen y Grosjean en el podio, una combinación que se repetiría hasta en tres ocasiones en ese año si sumamos Baréin y Corea. Esta demarcaría la última victoria de Vettel antes del parón veraniego, momento a partir del cual el de Red Bull pondría su tradicional directa en el que sería imparable durante la gira asiática y americana. Mark Webber podría remontar hasta la séptima plaza, pero de la merecida multa de 30.000 dólares, poco para lo que podría haber sido, no podría escaparse.

POR QUÉ ESTE GRAN PREMIO | El reto de ganar en casa

La Fórmula 1 está cargada de efemérides y es normal, pues no deja de ser uno de los campeonatos con más historia en el ámbito del automovilismo. Dentro de todas ellas, el vencer tu Gran Premio, ese en el que la mayor afluencia de público te empuja a buscar la victoria frente a tu gente, es posiblemente una de las más curiosas. Son varios los casos, pero tratemos alguno de los más curiosos e inverosímiles, siempre bajo el ala de la Fórmula 1.

Comenzamos por el Gran Premio de Austria, una carrera que ha sido albergada en 33 ocasiones y que, en todos sus años de historia, tan solo fue ganada una sola vez por un piloto local: Niki Lauda en el año 1984, dando pie a una de las victorias más sorprendentes del austríaco después de enfrentarse a su caja de cambios durante parte de la prueba. Jochen Rindt vencería la edición de 1965 disputada en el circuito de Zeltweg, que utilizaba la pista de aterrizaje de la base militar de dicho nombre, pero sería una prueba externa al calendario del campeonato del mundo. Curiosamente, Zeltweg se encuentra a menos de diez minutos del actual Red Bull Ring.

En Canadá encontramos la curiosidad de que Gilles Villeneuve sería el único canadiense en ganar su Gran Premio de casa, curiosamente en un circuito que, posteriormente, tomaría su nombre como homenaje. Cuando Gilles venció con Ferrari, el trazado era aún conocido como Circuit Île Notre-Dame, y Jacques Villeneuve se quedaría con la espinita clavada de ser incapaz de vencer en el trazado «de su padre». A día de hoy, Lance Stroll es el único con opciones de hacer una gesta similar, aunque tendrá que dejarlo para 2021.

Aunque parezca mentira, el Gran Premio de Mónaco todavía no ha encontrado a un ganador monegasco en Fórmula 1. Sí que es cierto que varios pilotos cuya residencia se encuentra en Mónaco han ganado en Montecarlo, caso por ejemplo de Nico Rosberg, cuya infancia transcurrió en sus lujosas calles, o que Louis Chiron venció en 1931 con Bugatti, pero Charles Leclerc posee la ardua misión de ser el primero en Fórmula 1.

Otros casos de Grandes Premios que nunca fueron ganados por pilotos locales durante el mundial de Fórmula 1 son el de Japón, Australia (aunque habría infinidad de victorias ‘aussies‘ en la Fórmula 1 australiana), Portugal o, por increíble que parezca, Estados Unidos, aunque aquí estemos haciendo la pequeña trampa de discernir al Gran Premio del oeste de los Estados Unidos, que sí ganó Mario Andretti en 1977. El Gran Premio de Estados Unidos tendría, a cambio, dos victorias del argentino Carlos Reutemann y una del canadiense Gilles Villeneuve.

En este 2020, las cosas se presentan bastante complicadas. En lo que resta de temporada, tan solo Sebastian Vettel y Antonio Giovinazzi podrían vencer sus Grandes Premios de casa, después de que Lewis Hamilton se proclamase siete veces ganador del Gran Premio de Gran Bretaña este curso. La premisa se asemeja bastante complicada pero, si algo ha demostrado la Fórmula 1 en tiempos recientes, es que la motivación de ganar en tu casa o la de tu equipo posee un aura diferente.

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