Un duelo final en Estoril | Qué pasó… en el GP de Portugal 1996

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Con el paso de los años, son varias las pruebas del mundial de Fórmula 1 que han tenido que dar un paso al lado por diversas cuestiones, generalmente económicas. El Gran Premio de Francia cayó hasta su regreso en Paul Ricard ante las complicaciones de Magny-Cours, de la misma forma que nos quedamos sin el Gran Premio de Malasia, Argentina o el de Austria, siendo este último una reincorporación gracias, principalmente, a la presencia de Red Bull. Y hablando de reincorporaciones, la historia de hoy viene bastante a cuento.

Han pasado casi 25 años desde que la Fórmula 1 abandonó de forma oficial un circuito con más de una década en la cima del motor y una relevancia de peso en varias ocasiones. Salvo en 1985, el Gran Premio de Portugal tendió a ser una de las últimas pruebas del calendario, por no decir la última, como fue en su estreno en 1984. En su momento, Estoril se transformó en la gran referencia del motor portugués, un circuito permanente inaugurado en la década de los 70 con la esperanza de recuperar a la Fórmula 1, que no visitaba el país luso desde 1960, pero los años terminaron por pasarle factura.

La historia de hoy nos remonta a 1996, un año marcado por el aplastante dominio del equipo Williams y la lucha por el título entre sus dos pilotos: Damon Hill, hijo de Graham Hill y Jacques Villeneuve, hijo de Gilles Villeneuve. La mayor experiencia del británico se enfrentaba a la radical irrupción del campeón de la CART y las 500 millas de Indianápolis de 1995, un talento puro que daba el salto a la Fórmula 1 buscando el éxito que su padre se quedó a poco de alcanzar. El duelo estaba servido, pero la bola de partido era para Damon Hill.

EL CONTEXTO | Los dos núcleos del motor portugués

Si hay algo que pueda motivar a la Fórmula 1 a desplazarse a un emplazamiento es el buen clima y el glamour, y eso es algo que se ha visto a lo largo de su historia, sobre todo la más reciente. En su vinculación con Portugal, la Fórmula 1 nunca se alejó demasiado de los dos grandes núcleos urbanos del país vecino: Oporto y Lisboa, su hermosa capital. En ambas ciudades se encuentra el origen de la gran mayoría de los pilotos lusos de élite, siendo portuenses cuatro de los cinco que llegaron a tener la opción de disputar un Gran Premio. La excepción sería Pedro Lamy, nacido en la localidad de Aldeia Galega da Merceana.

Tres serían los circuitos que acogerían el Gran Premio de Portugal: Boavista, circuito urbano ubicado en las calles de Oporto; Monsanto, localizado en el Parque Forestal de Monsanto, el más grande de Lisboa y Cascais, trazado también urbano en la localidad costera a media hora del centro de Lisboa y poco más de diez minutos de Estoril. En 1951 se realizaría la primera edición en Monsanto, pero la parrilla no estaría conformada por monoplazas, sino por turismos. Antonio Casimiro Pinto de Oliveira, que intentaría participar en el primer Gran Premio de Portugal de Fórmula 1 en 1958, vencería a bordo de un Ferrari 340 America Berlinetta Vignale.

Efectivamente, a finales de los 50 la categoría reina se presentaría por fin en Portugal con dos ediciones en Boavista y una en Monsanto, pero poco se tardaría en abandonar la iniciativa ante las constantes complicaciones que los pilotos afrontaban en ambos trazados. Portugal había alcanzado el objetivo, pero fue incapaz de mantenerse en la cima. Con todo, el país luso había mordido el anzuelo y no dudaría en lanzarse de nuevo a su búsqueda, con las dificultades que eso implicaría. La primera y más importante, proponer un circuito alejado de las calles.

Estoril sería el lugar seleccionado por su cercanía a Lisboa y el circuito se inauguraría en 1972, posiblemente el peor año imaginable ante la magnitud de la crisis del petróleo que estallaría en 1973. El trazado conseguiría mantenerse a flote gracias a la intervención del estado portugués y, desde ese entonces, navegaría en aguas revueltas hasta que el trabajo de César Torres, presidente del Automóvel Club de Portugal, daría sus frutos. La Fórmula 1 regresaba en 1984 y la buena suerte sonreiría por fin. Tanto, que el título más ajustado de la historia de la categoría se solucionaría en el trazado luso. Su popularidad crecería como la espuma, y viviría con ella hasta 1996.

QUÉ PASÓ EN EL GRAN PREMIO | Y el premio tuvo que esperar

La penúltima prueba de la temporada sería el Gran Premio de Portugal. Damon Hill llegaba con 81 puntos y una gran opción de ser campeón, mientras que Jacques Villeneuve debía aprovechar cualquier mínimo resquicio para sacarle partido a sus 68 puntos. Una victoria del canadiense postergaría la lucha a Suzuka, mientras que cualquier resultado del británico por delante de su compañero le entregaría el título en bandeja de plata. Desde la clasificación, la igualdad sería absoluta… entre los Williams, claro. Damon Hill se haría con la pole por tan solo 9 milésimas, mientras que Jean Alesi sería tercero a más de siete décimas de diferencia.

La parrilla estaría conformada, al igual que a día de hoy, por 20 pilotos, con la diferencia de que, por aquel entonces, el número era sorprendentemente bajo, llegando a encontrar Grandes Premios con 19 pilotos ante la falta de ritmo de un piloto que, aunque parezca mentira, sería protagonista en la historia de hoy: Giovanni Lavaggi, perteneciente a Minardi. La caída del humilde equipo Forti por impagos en pleno curso había acortado la parrilla hasta estos extremos, que un año antes contaba con 24 inscritos.

Con 70 vueltas por delante, la carrera no pudo tener peor inicio para Villeneuve, que veía cómo Alesi y Michael Schumacher se interponían entre él y su rival, que abría hueco de forma impetuosa. Desde una salida bastante calmada al primer cambio de posición habría que esperar unas 13 vueltas, momento en el que las primeras paradas en boxes darían comienzo. Habría que esperar a la vuelta 15 para presenciar una de las imágenes de la carrera, fruto de la lucha entre Villeneuve y Schumacher. En la cabeza del canadiense debía rondar una apuesta con los miembros de su equipo, que aseguraban que tendrían que recoger a Jacques con una pala si intentaba adelantar en la última curva, la Parabólica. Se ve que se lo tomó a pecho.

Con Andrea Lavaggi a punto de ser doblado, Michael Schumacher entraría en la última curva con algo de desconfianza, fruto quizás de unos neumáticos más gastados y la presencia del infame Minardi. En ese momento, Villeneuve aprovecharía para ganarle el exterior al alemán y salir como una exhalación hacia la recta de meta, tomando el rebufo del piloto italiano, que seguía sin ceder fácilmente y cerrando el adelantamiento frente a la tribuna principal. Con este adelantamiento y la parada en boxes de Hill, Jacques Villeneuve se colocaba segundo tras Jean Alesi, aunque pronto realizaría su primera parada a la par que Schumacher.

La segunda tanda de paradas sería exactamente a mitad de carrera, con Damon Hill manteniéndose al frente de su compañero. La lucha por la victoria, de forma definitiva, se quedaba entre los dos Williams, mientras Alesi y Schumacher disputaban la tercera plaza en boxes. Ferrari, en esta ocasión, realizaría un excelente trabajo que les permitiría superar al piloto francés de Benetton en su primer año tras su marcha de Maranello. Poco después, entre las vuelta 44 y 46, se sucedería el festival de desgracias en McLaren, que luchaba por entrar en los puntos.

La batalla entre Mika Häkkinen y David Coulthard llevaba cocinándose varias vueltas, rodando el escocés al frente del finlandés. Esto sería hasta el momento en el que Häkkinen lanzaría un ataque excesivamente agresivo en la grotesca chicane que se construiría por razones de seguridad después de 1994. Los dos McLaren colisionarían, dañando ambos monoplazas y dando fin a cualquier opción de puntuar ante la incrédula mirada de Ron Dennis. De postre, David Coulthard recibiría una sanción por speeding en el pit-lane.

La última tanda de paradas en boxes sería absolutamente clave. Damon Hill pararía en la vuelta 49 y Jacques Villeneuve lo haría en la 50 pero, para sorpresa de todos, el canadiense sería capaz de salir por delante del británico por una distancia minúscula y ponerse al frente de la carrera. Lejos de detenerse ahí, Villeneuve abriría distancia y Damon Hill encontraría problemas con el embrague de su Williams FW18, pudiendo seguir en carrera pero incapaz de perseguir a su rival por el campeonato.

Finalmente, Jacques Villeneuve obtendría su cuarta victoria en Fórmula 1 en el momento clave, aunque Damon Hill sabía perfectamente que, a menos que el mundo se acabase, sería campeón en un lugar más propicio para ello como era Suzuka. Los seis primeros de este Gran Premio estarían compuestos por los pilotos de Williams, Benetton y Ferrari, cerrando el podio Michael Schumacher por tan solo dos segundos de diferencia con Jean Alesi. En ese mismo podio se presentaría para entregar los trofeos César Torres, aunque su gesto no podría esconder la noticia en boca de todos.

En ese mismo fin de semana de Gran Premio, tanto Max Mosley como Bernie Ecclestone habían dejado clara su postura respecto a un circuito de Estoril ya desfasado y con visibles dificultades a la hora de albergar un evento de la magnitud de una carrera de Fórmula 1. La gran afluencia de público no sería suficiente para frenar el cambio de focal de la categoría, ya en búsqueda de mercados más atrayentes. En 1997, Portugal se quedaría sin Gran Premio y aunque las tan necesarias reformas del circuito se empezaron a movilizar, la Fórmula 1 volaba lejos del país luso. Tan solo la creación del moderno circuito del Algarve daría esperanza a un regreso que, aunque llegó a producirse en forma de entrenamientos, no fraguaría un Gran Premio hasta el día de hoy.

POR QUÉ ESTE GRAN PREMIO | Portugal, un lugar donde decidir un campeonato

Después de tantos años lejos del país luso, la Fórmula 1 ha visto en la época de la pandemia una oportunidad para regresar a Portimão. A pesar de que la rumorología proponía un regreso a Estoril, lo cierto es que la popularidad del trazado ubicado en el Algarve ha terminado por ensombrecer al otro circuito portugués con el grado 1 de la FIA. La impresionante infraestructura que en origen iba a ser Portimão se vio mermada por las complicaciones económicas, pero desde un origen fue concebida para acoger un campeonato como la Fórmula 1.

La pretemporada de 2009 acogió las presentaciones de Renault y Williams en el trazado portugués pero, desde aquel entonces, su función quedó relegada a la de tests esporádicos en lo que a la máxima categoría se refiere, tal y como también se hizo en 2008. Paralelamente, tanto el motociclismo como las carreras de resistencia o los turismos encontraron en Portimão un pequeño oasis que Estoril ya no podía ofrecer. Y así, después de más de dos décadas, un campeón podría volver a alzarse en tierras lusas.

En este caso, no, no será Lewis Hamilton el que, al igual que Jack Brabham, Niki Lauda y Alain Prost en su día, podría haber sido proclamado campeón del mundo en Portugal. En ese caso, el circuito número 74 en albergar un Gran Premio de Fórmula 1 debutaría de la mejor forma posible, cumpliendo la curiosa circunstancia que también tuvo Estoril en su día. Hubiese sido una gran efeméride, pero quien sí puede ser campeona en Portimão es Mercedes, siempre y cuando Red Bull obtenga menos de cinco puntos y el equipo de la estrella se haga con el máximo botín posible en un fin de semana: 44 puntos.

Solo en 1986 se cerraría el campeonato de constructores en Portugal, año en el que Williams obtendría su tercer título. Pero este es un escenario completamente diferente, no solo para la competición en sí, sino también para la gran mayoría de equipos y pilotos. De aquella pretemporada, tan solo perduran en parrilla Lewis Hamilton, Kimi Räikkönen y Sebastian Vettel, si bien es cierto que la GP2 Series disputó en 2009 su única ronda en el Algarve, prueba en la que, curiosamente, estaban Sergio Pérez y el campeón de esa temporada, Nico Hülkenberg. Tocará acostumbrarse de nuevo a los impresionantes desniveles que presenta Portimão, un circuito que nació, al igual que otros muchos, para brillar con esta oportunidad.

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